Mercedes Fernández: una mujer de teatro

Mercedes es una mujer que no le reprocha nada a la vida. Considera que cada experiencia la convirtió en una persona más fuerte, más capaz. La sensibilidad la caracteriza y se emociona cuando habla sobre sus hijos, su familia teatral y sus amigos.

Por más de dos décadas se dedicó a fortalecer el movimiento teatral en Matanzas, pero su relación con el arte comienza desde mucho antes.

“En las escuelas primaria y secundaria integré varias agrupaciones de teatro y danza, pero no fue hasta el duodécimo grado que comprendí que mi pasión se encontraba en las tablas, en el escenario.

“Por esa fecha comenzaban las primeras pruebas de aptitud para entrar al Instituto Superior de Arte. Mi grupo del preuniversitario era muy entusiasta y desinhibido, y nos presentamos todos porque, en definitiva, no teníamos nada que perder. Para sorpresa general, la mayoría aprobó.

“Durante los años de carrera nos formaron excelentes profesores. Una que marcó considerablemente nuestro paso por la institución artística fue Flora Lauten. Además de ayudarnos en el montaje de la obra con la que nos graduamos, se convirtió en una segunda madre.

“Una vez concluida la universidad, tomamos la decisión de trasladarnos todos hacia Matanzas, porque las condiciones lo permitían. El Conjunto Dramático estaba prácticamente desintegrado y se hacía imprescindible la inyección de actores y actrices jóvenes. Luego de varias gestiones, logramos un local para ensayos y justo allí nos propusimos hacer una sala para presentar nuestras obras. Poco tiempo después le cambiamos el nombre a la compañía y comenzamos a identificarnos como Mirón Cubano.

“En 1985 concluyó el servicio social y algunos siguieron su camino lejos del grupo, unos hacia el cine o la televisión, otros buscando mejorar su situación con la vivienda. A pesar de ello continuamos presentándonos en nuestra sede y se nos acerca Esteban Lazo, que desde el partido dirigía la provincia, con una propuesta de investigación enfocada en los centrales azucareros que atravesaban en ese momento por una crisis. El objetivo era analizar las problemáticas que podían tener los trabajadores y montar una obra con los resultados que arrojara dicha investigación.

“Aquello suponía un reto. Podíamos actuar, pero organizar dramatúrgicamente un espectáculo de esa magnitud requería una persona que fuera referente en la materia. Nos acercamos a la maestra Flora que, ante la imposibilidad de responder al llamado, nos sugirió conversar con Albio Paz, quien tenía experiencia en este tipo de encargos con Teatro Escambray. Albio aceptó con la condición de realizar solo esta puesta; pero mostramos tanto cariño y dedicación que se mantuvo junto al Mirón más de 20 años”.

Escuche aquí el episodio completo con Mercedes:

DEFENDER EL TEATRO LEJOS DE LOS ESCENARIOS

“Abandonar mi agrupación fue difícil, pero mi hija nació con una cardiopatía congénita y precisaba, además de la operación, de cuidados y atención permanentes, por lo que se hacía imposible salir de gira.

“La Dirección Provincial de Cultura me abrió las puertas. Me encargaba de atender las necesidades de los grupos de teatro de la ciudad; hasta que en los 90 el Ministerio de Cultura realiza cambios en su estructura y se crea el Consejo de Artes Escénicas (CPAE) en cada provincia. Para ocupar la presidencia se escogían figuras de marcada trayectoria en el mundo escénico. En el caso yumurino, Albio asumió el cargo y yo comencé a trabajar nuevamente a su lado, esta vez como vicepresidenta ejecutiva.

“Solo transcurrieron dos años cuando Albio entendió que contaba con las herramientas imprescindibles para continuar con su legado, y en 1992 comienza mi desempeño como presidenta del CPAE.

“Al Consejo le entregué mi cuerpo y mi alma. Comprendí que realmente amaba la gestión cultural y todo cuanto realicé fue gracias al apoyo de mis hijos, mi madre y de mi esposo Francisco (Pancho) Rodríguez.

“Lo que algunos llaman ‘la escuela de Mercedes’ es simplemente la manera en que dirigí la institución. Agrupé un equipo de profesionales a quienes inculqué el amor por el arte, y exigía un intercambio constante con los artistas a pesar de pertenecer a departamentos tan diferentes como el de Recursos Humanos o Economía.

“En 2013 regresé a mi casa, al Mirón. Desde entonces hasta hoy he participado en todos los estrenos”.

EL ARTE: MERCEDES

“Mi casa es la casa del teatro y del arte. Me complace que mis hijos continuaran la vocación familiar: mi hija desde la dirección del propio Mirón Cubano y mi hijo desde su posición de Primer bailarín del Ballet Nacional de México.

“Soy una mujer feliz a pesar de las pruebas a las que nos hemos enfrentado. Estoy orgullosa de quien soy y de los amigos que me acompañan”.

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Sobre el autor: Arletis Arango Oña

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