El Portazo

Regresó la República Light. Teatro El Portazo

Teatro El Portazo cumplió el pasado 23 de septiembre, sus 15 años de fundado por Pedro Franco. Su nacimiento en el 2011, que actualmente tiene su sede en el Biscuit, contribuyó desde su surgimiento, en el panorama teatral matancero, a un espacio de confrontación escénica, de persistencia, de creatividad artística, y también comercial.

Propuso una diversidad necesaria, en una realidad compleja del teatro matancero, en que algunos colectivos han perdido su liderazgo histórico y, por lo tanto, están al desaparecer, como es el caso de Teatro D’ Sur; o reactivándose en los escenarios, en un camino difícil de reinvención sobre la base de una trayectoria sólida, coherente y significativa en el pasado, como Teatro El Mirón Cubano.  

El Portazo, el más joven de nuestros colectivos, ha defendido desde sus inicios una estética que se sustenta en el cabaret político, en el café teatro, en la apropiación de tendencias y lenguajes contemporáneos, fusionados con lo mejor de nuestro teatro musical, la  herencia vernácula  y las potencialidades de una dramaturgia nacional, creada en su gran mayoría por jóvenes autores. De igual manera, ha potenciado el trabajo del actor con un entrenamiento vocal y psicofísico, que ha marcado su estilo y su fuerza escénica, que imbrica lo musical y lo danzario. 

El día de su aniversario asistí a un ensayo de Kassandra, de Sergio Blanco, el texto en un idioma ajeno que lleva al espectador al dilema del personaje,  mixtura de lo masculino y lo femenino, de la tragedia griega y de las catástrofes  contemporáneas. En Cuba, ya había visto la Kassandra de Giselle Sobrino, dirigida por Abel González Melo, precisamente, en el Patio Vagos Rumores de la Casa de la Memoria Escénica. La versión de El Portazo tiene la multiplicidad de voces, cuerpos, dilemas de las diferentes actrices y actores, que se apropian del espíritu del  personaje y se desdoblan y viajan por el musical, por múltiples repertorios, estilos, universos. 

Listos para estrenar, es la primera vez que la agrupación asume un dramaturgo no cubano; pero, en la puesta, el sustento clásico se dinamita por la inclusión de otros espacios, otras catástrofes, otra manera de dialogar, el transitar de un personaje a otro, de un caos a otro. 

Sus 15 son una festividad y una interrogante ante los dilemas del teatro y la sociedad. Sus integrantes mezclan fundadores y nuevos artistas. Su trabajo actoral se mantiene coherente con sus inicios. El diálogo con el público —en una obra que distancia como esencia— logra una extraña empatía, que se sustenta en las estrategias del grupo, en la simbiosis danzario-musical, en el  provocador y desfachatado enfrentamiento con el público, en una estética que se reinventa sobre los cimientos de los años de trabajo y de “lucha aquí tu yuquita”, que los ha caracterizado a lo largo de estos años.

Recomendado para usted

Sobre el autor: Ulises Rodríguez Febles

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *