Lienzo en blanco y ante él el artista de la plástica matancero Adrián Gómez Sancho. Una parábola de trazos que parecen al azar sigue el color negro predominando. Luego llega el azul y ese sonido al rozar los pinceles sobre la lona gruesa, perfectamente estirada en el bastidor. Pareciera que pinta el Palacio de Junco, lugar donde se atesoran los restos de un cimarrón encontrado en una cueva.
Pero no. Es otra cosa.



La obra nació mientras en el local contiguo se desarrollaba la Mesa de Opinión sobre cimarronaje en Cuba, en el marco del Timbalaye, el XVIII Evento internacional que desde ayer convoca en Matanzas en torno a la Ruta de la Rumba, Afuera, en el Callejón de las Tradiciones, ya se escuchaban los primeros tambores.
Hay un machete al lado de la figura, y de donde menos se espera sale una boca. Ya va tomando forma de Elegguá, ese que nos abre los caminos. Aún no culmina la obra.»—Aún le salen cosas» —nos revela Sancho.


¿El nombre? La obra aún no ha nacido. Quizás en los próximos trazos encuentre su título definitivo. Mientras recoge sus pinceles, piensa. Tal vez recuerde a aquel negro esclavo que se cansó de los maltratos y huyó con sus grilletes; corrió y cayó al vacío por una grieta que no vio en su desesperación. Aquel cimarrón de gran altura que fue libre mientras huía de sus amos y todavía está en camino, ese que ya abrió Elegguá. Tal vez de allí salga el nombre de la obra.
Afuera, el Timbalaye siguió sonando. Adentro, el lienzo espera su próximo trazo.
