Dice un proverbio árabe:
“Cuando uno planta árboles bajo cuya sombra sabe que no se sentará ha comenzado a entender el sentido de la vida”. Eso he hecho toda mi existencia.
Desde que en 1969 comenzó mi dudable y riesgoso camino por la música, no imaginaba que llegaría un momento como éste. ¿Cómo presentirlo siquiera?
Para mí este premio era un galardón inalcanzable.
Mi vida siempre estuvo acompañada por la música, desde que mi madre escuchaba en la casa familiar a Michel Legrand y mi padre el jazz de Stan Kenton, Dizzy Gillespie, Duke Ellington, y Lois Armstrong.
Qué lejos estaba de imaginar entonces que la música sería mi puerto de partida y mi atracadero.
Quién podría aventurar que aquel niño que fui, disléxico, tímido, miope, sin notables atributos físicos, y voz meliflua llegaría tan lejos.
La Nueva Trova me acunó en los inicios, aunque luego —por las razones que fueran y que por suerte he olvidado— prescindió de mí, pero yo he sido y soy un trovador más allá de cualquier etiqueta circunstancial y efímera.
Pese al empeño de mis padres para que no me dedicara al inestable oficio de unir palabras con melodías, heme aquí. Contra vientos hostiles y caprichosos luché, lo intenté y logré algunas canciones que, estoy seguro, me trascenderán, y eso es más que un privilegio.

Le regalo este premio a mis hijos, nietos, y sobre todo al ángel guardián de mis días y mis noches, a Petí. Trabajando horas extras, ella me acompañó en mis mejores y peores momentos, cuando el desaliento era compañero tenaz y devastador. A ella le dedico cada hora de mi vida.
Un recuerdo amoroso para Sara, Noel, Vicente, Santiaguito, Lázaro, Tosca, y para todos los que se nos adelantaron.
No he sido hombre de ambiciones ni vanidades, creo que estuve, y estoy, del lado de las causas justas.
Mi mantra ha sido el poema XII de Dulce María Loynaz de sus Poemas sin nombre, que reza con delicada esperanza:
“Acaso en esta primavera no florezcan los rosales, pero florecerán en la otra primavera.
Acaso en la otra primavera todavía no florezcan los rosales… Pero florecerán en la otra primavera…”
Que Dios bendiga a Cuba.
Muchas gracias.
Amaury Pérez Vidal.
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