El trompetista y director brasileño Joel Barbosa es un viejo amigo de Matanzas. Cuando este 16 de diciembre subió al escenario del Teatro Sauto para poner bajo su batuta a la Orquesta Cristiana de Cuba, lo hizo con la confianza de quien visita una casa durante 30 años.
El músico carioca, nacido en Río de Janeiro, ha regresado una y otra vez a nuestra ciudad desde que, en 1995, la maestra Helena Herrera, recordada por su excelente labor al frente de la Sinfónica de Matanzas, lo convidara a dirigir un concierto aquí.
“Yo había sido su alumno en Brasil en los años 80. En 1996 volví en dos ocasiones más, la primera como invitado y la segunda como miembro de la Orquesta Sinfónica de Brasilia. En esos tres viajes hice muchos amigos, músicos y gente de la iglesia; a partir de entonces me apegué a Cuba y ya no dejé de venir”.
Durante sus viajes continuó estrechando lazos, hasta que en 2020, en conversación con músicos amigos, surgió la idea de crear la Orquesta Cristiana, que es una agrupación que reúne artistas de otros colectivos: la Sinfónica, la Banda Provincial de Conciertos, la Camerata José White, profesores de las escuelas de arte.
“Mi relación con Cuba va paralela a la música, hay una conexión familiar. Por las características del pueblo brasileño, nosotros tenemos una empatía muy similar al cubano, somos dados, nos abrazamos, nuestra comida principal también es el arroz con frijoles negros. La cultura no es la misma en términos absolutos, pero en la manera de relacionarnos social y afectivamente somos muy similares”.

Sus vínculos con la Isla van desde lo más íntimo —su hija quiso casarse en la Ermita de Monserrate— hasta colaboraciones profesionales con la Camerata José White, para la cual escribe arreglos musicales, y una amistad cercana con el maestro Enrique Pérez Mesa, director de la Sinfónica Nacional.
“Los músicos cubanos son fantásticos. El sistema de enseñanza de acá está organizado para comenzar a determinadas edades y promueve la constancia. Un joven aquí, en la media de los casos, puede tocar cosas que un brasileño de sus mismos años no consigue aún”.

Este es el tercer año consecutivo que concurre para hacer el Concierto de Navidad, una iniciativa que goza de gran acogida, tanto entre los artistas como para el público. Testimonio de ello fue el lleno total del auditorio yumurino, donde hasta desde el tercer nivel de los palcos se le aplaudió a rabiar
“Un concierto de Navidad es más abierto, porque habla de entendimiento, de comunicación. Debe ser un momento de placer. Sé que en la Orquesta hay músicos a los que les gusta tocar samba, por ejemplo, entonces decidimos hacer un primer momento con la Big Band para esos temas.
“El fin de año es complicado, porque muchos de los miembros son profesores y están en temporada de exámenes; además, solo estoy unos días por acá. Tenemos poco tiempo para ensayar, pero prefiero hacer un concierto con algunos errores y darle a todos la posibilidad de hacer lo que les gusta y disfrutar”.
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