“¿Necesito una planta para hacer mis trámites?”, se preguntaba recientemente un usuario de redes sociales al relatar sus experiencias en las oficinas de la administración pública. Lo que siguió a su comentario fue un aluvión de respuestas que relataban situaciones similares y la imposibilidad de “resolver”.
A causa de la presente situación electroenergética, a los males habituales de este acápite de la vida ciudadana: la burocracia, las colas, entre otros, se suman hoy los prolongadísimos cortes eléctricos. Si ya era difícil, esto le pone la tapa al pomo. Recurrir a una unidad y esperar que venga la luz es como invocar un milagro divino: puede pasar, pero es poco probable.
En la mayoría de nuestros pueblos y ciudades, las principales oficinas se apiñan en el centro, en circuitos que permanecen “off” por períodos que superan en mucho la duración de una jornada laboral. Ante el avance de la informatización en la sociedad, poco o nada se puede conseguir en apagón; aunque la inventiva del cubano es legendaria, hay cosas que la superan.
Un equipo del periódico Girón caminó por varios de estos locales de la urbe yumurina, conociendo las maneras que han encontrado para enfrentar el problema. Entre ellos, algunos recepcionan los trámites en espera de que venga la corriente para poder cursarlos; otros, como el Registro Civil, trabajan “a mano”, por supuesto, solo lo relativo a los libros de asiento que ellos guardan.
No son pocos los usuarios que llevan sus baterías, las famosas Ecoflow, o plantas de combustible, y armados de extensiones y demás parafernalia montan una suerte de instalación eléctrica alternativa. Eso en principio no está mal, a fin de cuentas, es una opción temporal para un problema que no parece que vaya a solucionarse en breve, pero ¿y aquel que no tiene ni una propia ni un amigo que se la preste?
El público que repleta las colas de cada oficina se mueve entre la ansiedad, la ira, la incertidumbre o la resignación más absoluta. Ante la pregunta, varias personas aseguraron que, más allá de volver una y otra vez y probar a tener suerte con la corriente, no tienen idea de cómo llevar su gestión a buen término. Y ya se sabe que un trámite suele ser casi siempre insoslayable, hay que hacerlo sí o sí.
La mayoría espera que aparezca un ángel salvador que ponga sus recursos eléctricos a disposición de todos, ya sea por buena voluntad propia o porque los funcionarios le pidan de favor que regale un poquito más de energía para sacar adelante parte del trabajo de la jornada. Por más absurdo y precario que esto pueda parecer, así se está “resolviendo” en la mayoría de los sitios, un día a la vez y “mañana ya veremos”.
Aunque la solidaridad sea un valor hermoso, esta no es la manera de mantener el funcionamiento de la sociedad en unos niveles aceptables. Se hace urgente una solución, ya sea garantizando un horario mínimo de servicio eléctrico o algunos medios que permitan conectar al menos los equipos básicos, para que un trámite legal o administrativo no se convierta en una ruleta rusa contra el apagón.
Lea también

El imperio de los vendedores de hielo
Guillermo Carmona Rodríguez – Un sábado de diciembre frente al pelotón de fusilamiento de la economía nacional, mientras observo un cartel de «Se vende hielo» en la puerta de una casa. Leer más »
***
¿Madurar?
Boris Luis Alonso Pérez – Por todo ello, en más de una ocasión me he ganado la pregunta de: ¿cuándo piensas madurar?, como si parte de crecer fuera dejar atrás todo lo que otros… Leer más »


Como si a la UNE, Gobierno Provincial, Gobierno Municipal, MINIT y demás… les importara. Si no que le pregunten a Rubén Dario Salazar cuando ha pedido una solución para poder dar sus funciones de fin de semana en Las Estaciones. O a los MUCHOS pendientes por trámites en la oficina de Tránsito, ya que ahí NO les permiten llevar una «solidaria» ECOFLOW para resolver el día. Le sumba…