Hortensia y la nueva imagen de su hogar

Hortensia Zamora Herrera aprecia cada día, al levantarse, que la obra social emprendida por la Revolución no se detiene. Ella y su familia reciben el fruto de la política trazada por el Estado de ayudar a los más necesitados económicamente.

Hoy, en medio de los grandes retos que impone el bloqueo económico y financiero de Estados Unidos contra el pueblo cubano, y de la escasez de recursos de todo tipo, la asistencia social, devenida en Programa de la Revolución, se hace realidad en cada comunidad y barrio.    

Desde bien temprano, el ruido en la puerta de su casa indica que los constructores, pertenecientes a la Empresa de Construcción del Poder Popular ya llegaron. Albañiles y ayudantes reparan su hogar, sito en la calle Manzano, entre Zaragoza y Santa Teresa, en la ciudad de Matanzas. 

La humilde vivienda, que el pasado 10 de noviembre sufrió un incendio debido a fallas eléctricas en su red interior, cambia su imagen con rapidez. Paredes, piso, meseta, sistemas hidráulico y eléctrico, baño y escalera reciben la mano de un equipo especializado que labora allí desde hace varias semanas.

Jesús Grasso Zamora, hijo de la inquilina, también entrega sus energías  apoyo incondicional aun sin los conocimientos propios del oficio. Lo mismo elabora mezcla, que sostiene cualquier herramienta.    

“Lo importante es apoyarlos, estar junto a ellos y que sientan que si bien mi madre no puede por achaques propios de su edad —antes era muy dinámica—, asumo este aporte extra que me es obligatorio”.

Por su parte, Jesús González Enríquez, jefe de obra, expresó: “Lo hacemos, conscientes de lo que representa para  cualquier familia; sin apuro, para terminar la reparación con la calidad requerida, que es muy importante. Lograrlo es como un seguro de vida”, palabras que con movimientos asertivos de cabeza corroboran sus compañeros de faena Eddy, Benito, Andrés, Erick y Rafael.

“Basta ver los rostros de esta familia, madre e hijo, para apreciar la felicidad que les embarga. Su casa posee más comodidades que antes. Nos alegra verlos, escucharlos, que estén dispuestos a ayudar. Y aunque ella no pueda, su disposición nos anima. Siempre recordarán lo bello de este beneficio social comunitario”.

La obra está por terminar. Quedan por delante los ajustes del sistema eléctrico y la pintura, esta última asumida por su hijo y algunos amigos, uno de los cuales realiza varias decoraciones en las paredes.

Mientras escribo, Hortensia se me acerca y agrega: “Estoy muy contenta. Me transformaron la casa. Había que verla luego del fuego, y lo que es hoy. El cambio es tremendo. Gracias infinitas a todos los que tienen que ver con esto. La cuidaremos muchísimo. Es parte del agradecimiento eterno. Además de los constructores, muchas otras personas se preocupan por mi casa, y eso nos hace felices. Gracias de corazón a todos”.

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