Domingo, 27 de mayo de 2018

Wanda: Una mujer como otra cualquiera

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Wanda: Una mujer como otra cualquiera

 

Ella camina alegre por las calles de Matanzas, evade las miradas incisivas y sonríe de saberse observada con asombro, decepción, incluso odio. Nada la afecta. Proyecta seguridad y simpatía. Lleva un vestido azul, ceñido y corto. Su belleza llama sin dudas la atención, pero quienes la observan solo ven en ella una aberración, un cuerpo al que las cirugías y las hormonas no han logrado transformar del todo.

 

Se llama Wanda pero alguna vez se llamó Jaime y jugó a las muñecas con las niñas de su barrio en el corazón de Pueblo Nuevo, le robó las ropas a su mamá para disfrazarse y soñó con ser artista. Recibió muchos castigos, golpes e insultos, fue al psicólogo en repetidas ocasiones, pero nada pudo contra la voluntad de Wanda, un sentimiento que quiso salir desde el primer día que cruzó el baño de varones.

 

Tiene 34 años y muchos sueños por cumplir, un cuartico que considera su vida misma, una abuela que adora y por la que le reza todas las noches a San Lázaro para que no se le vaya. La misma abuela que rompió con casi toda la familia y la recibió de brazos abiertos ante las miradas de reproche, cuando dejó la escuela en 9no grado porque ya no soportaba las burlas, los pantalones de varón, el rechazo y aquel deseo incontenible de desaparecer.

 

Todos los días son un nuevo comienzo para quien hace tan poco comenzó a vivir. Es nocturna, como Matanzas, en las noches “hace la calle” y encanta a muchos de quienes la miran con indiferencia y desprecio ante la multitud. Pero no en las noches de viernes, esas son especiales; están reservadas para la verdadera Wanda amante de la música y el baile, la Wanda que sale al escenario de Las Ruinas con la misma pasión y los deseos de Jaime.

 

¿Qué sucederá mañana? Nadie lo sabe, solo confía en que ya nada puede ser peor que esconderse de la familia, que los amigos de toda la vida te olviden y te ignoren. Nada puede ser peor que te nieguen solo porque tu cuerpo es inversamente proporcional a tu mente, a tus cinco sentidos.

 

En el futuro solo quiere ser feliz, sin miedos ni ataduras. Despertar con alguien que la ame y la comprenda. Recorrer su ciudad sin muestras de desprecio, acabar con el dolor de los recuerdos y ser ella misma, Wanda, una mujer, como otra cualquiera.

 

 

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