Sábado, 27 de mayo de 2017

Transportación alternativa: Cuando la indolencia no para

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Transportación alternativa: Cuando la indolencia no para

 

Vuelve a mirar el reloj y supone que los minutos corren más aprisa. De nuevo la parada semeja un mar de pueblo cuyas olas se agitan hacia un lado y hacia otro, cuando un ómnibus hace su entrada y la capacidad es mínima.

 

Sin embargo, no todas las esperanzas están perdidas. Frente a la multitud está la mano extendida del inspector popular que hace señales al margen de la vía en su intento de frenar la indolencia.

 

Constata cómo se agita, anota en la planilla las chapas de quienes pasan veloces sobre el asfalto sin voltear el rostro, o esboza una sonrisa de satisfacción cuando un vehículo se detiene, el chofer le extiende la mano y abre las puertas para que los viajeros puedan emprender el trayecto…

 

TRAS LA SEÑAL DEL AMARILLO

 

Cada año en la provincia de Matanzas más de dos millones de personas se trasladan gracias a estos trabajadores conocidos aún como “amarillos” por el color del vestuario que usaron durante años, aunque hace algún tiempo fue sustituido por un uniforme donde priman el azul y blanco.

 

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Suman 57 los puntos de embarque diseminados por todo el territorio, los cuales reciben el apoyo de 90 inspectores populares, excepto los municipios de Pedro Betancourt y Ciénaga de Zapata donde antes existían, pero hoy la plaza no está cubierta.

 

Según lo establecido, deben permanecer en su puesto desde las ocho hasta las once de la mañana y desde la una hasta las cinco de la tarde. Juan Carlos Álamo Cabezas, director de operaciones de la Empresa Provincial de Transporte aclara que las cuotas exigidas a la población para viajar por esta vía ascienden a 20 centavos dentro de la ciudad, un peso si el viaje es intermunicipal y tres en caso de dirigirse hacia otra provincia.

 

Matanzas, Colón y Jovellanos devienen los puntos más complejos por la alta demanda de transportación. En la urbe yumurina, por ejemplo, existen “horarios pico”, entre ellos desde las ocho menos veinte a las ocho y media de la mañana donde gran cantidad de estudiantes y trabajadores procuran llegar a sus instituciones.

 

Los inspectores populares basan su desempeño en la Resolución 435 emitida en el 2002 por el Ministerio de Transporte. La misma aboga por una mayor y mejor utilización de los medios estatales, pues establece que es obligatorio recoger pasajeros por los autos y vehículos ligeros así como por los ómnibus escolares y del transporte obrero, en los retornos u otras ocasiones en que circulen vacíos.

 

No obstante, ¿todos cumplen estas exigencias?, ¿en cuántos centros de trabajo o empresas se exige y controla? Como estrategia para tomar partido en el asunto, la Dirección Provincial de Transporte y el gobierno recepcionan y analizan el listado de matrículas proporcionado por los inspectores populares donde figuran quienes violan la resolución. Sin embargo, una y otra vez se reiteran las indisciplinas.

 

POR EL PUEBLO, DETENERSE

 

 

Buenos días, por favor baje del vehículo y deme sus documentos.

 

Pero oficial, ¿qué sucede?

 

Usted no se detuvo en la parada y el carro viene vacío, ¿qué explicación tiene?

 

Ante el reclamo de Rodolfo Ulloa Morales, las justificaciones son diversas: “Voy apurado porque mi jefe tiene una reunión urgente”, “No tengo gomas de repuesto y por lo tanto no puedo cargar más peso”, o simplemente “ni me percaté de la cantidad de personas que había, si yo soy el que más paro en Cuba”. Lo cierto es que en menos de una hora, el equipo periodístico de Girón fue testigo de cómo más de diez autos estatales fueron detenidos y obligados a retornar a la parada del trece plantas para ponerse a disposición de la población.

 

Umiliana López Hernández, inspectora popular que tiene a su cargo dicho punto, señala que cuando “los azules” están, todo es diferente. “El personal se mueve con más rapidez y ello se revierte en satisfacción. Es imprescindible frenar la inconciencia, llevo cinco años trabajando aquí y soy testigo de cómo algunos paran a diario para recoger, mientras otros dan la vuelta por detrás para no cruzar frente a mí o me hacen una seña diciendo que llegan solo hasta la gasolinera y al final, siguen”.

 

Hace cuatro meses aproximadamente 13 inspectores estatales del Consejo de la Administración Provincial (CAP) tienen la misión de apoyar la transportación alternativa de pasajeros. Antonio Enrique Pomares De León, director de dicha unidad de inspección estatal explica que emprendieron la misión a partir de un llamado de la Empresa Provincial de Transporte y el gobierno.

 

“De forma sorpresiva frecuentamos los diferentes puntos de embarque de la provincia en diversos días de la semana. Queda mucho por hacer, pero se aprecia un ligero cambio. Al ver que la policía está, la mayoría procura hacer lo correcto, aunque siempre hay quien busca pretextos. Por eso intercambiamos con los inspectores populares para que ganen en claridad acerca de la importancia de hacer la seña de Pare”.

 

“En la ciudad de Matanzas, las paradas más complejas son la del Trece Plantas y La Catedral. Cuando interpelamos al chofer le retiramos sus documentos y no se los entregamos hasta que regrese y recoja al personal. Aún nos encontramos con la prepotencia de algunos que se incomodan al ser requeridos, mientras otros, conscientes de que carecemos de medios de transporte para perseguirlos, pasan a toda velocidad para librarse de la corrección”, refiere Ulloa Morales.

 

La parada de La Catedral es una de las más complejas por la cantidad de viajeros que demandan transporte

 

Su homólogo Omar Gonzáles Puente, argumenta que durante su estancia en los puntos de embarque y tras dialogar con los inspectores populares constata que algunos no paran por convicción, sino por la presencia de los “azules”. Por ello, los días en que no estamos, todo vuelve a ser como antes.

 

Al dialogar con la población en distintos puntos de embarque,  surgen los criterios de Rolando Naranjo o Irma García Martínez, matanceros que agradecen los beneficios de la transportación alternativa y condenan las actitudes egoístas de aquellos que no contribuyen con ella.

 

Incrementar la frecuencia de acciones y el número de equipos de inspectores estatales, fomentar cada vez más el buen desempeño y permanencia de los inspectores populares en los puntos de embarque así como completar las reparaciones y señalización de estas paradas que se lleva a cabo actualmente, son solo algunas medidas que no deben perderse de vista en aras de otorgarle mayor seriedad y estabilidad a un servicio que tanto puede atenuar las precariedades del transporte en Matanzas. Lejos de actitudes paternalistas o indiferentes, las entidades estatales deben ser requeridas cuando sus choferes transiten por el asfalto y dejen detrás una estela de inconformidades al asumir como propio, el recurso que debe estar a disposición de todos.

 

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