Domingo, 24 de septiembre de 2017

Servicio, no desperdicio

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Servicio, no desperdicio

 

Con sus papeles en orden y un montón de ideas no precisamente organizadas, llegó Adrián Iríbar a la delegación territorial del Ministerio de la Agricultura, justo el día en que debía comenzar algo que no llegó a saber a ciencia cierta si fue su preparación complementaria servicio social, ambas cosas o ninguna de las dos.

 

Hacía apenas dos meses había logrado vencer, con título dorado, la Ingeniería Informática, una profesión por la que, además de incontables noches de desvelos para «almacenar» todo el conocimiento posible, «quemó» miles de litros de sudor pedaleando una bicicleta china entre su casa del residencial reparto Caribe, en la ciudad del Guaso, y la Universidad guantanamera.

 

«Fui ilusionado con la idea de que la creación de una dependencia específica para el desarrollo de la informatización en el sector sería el lugar ideal para navegar por un universo que nunca antes había explorado, pero las posibilidades ahí, me dijeron, estaban reservadas para graduados en la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI)», cuenta.

 

«Eso me chocó al principio porque sin desdeñar para nada el bien ganado prestigio de la UCI, yo estoy convencido y lo veo ahora en la vida real, de que el ensanchamiento cualitativo de la Educación Superior en Cuba no es una frase. Es un hecho. De tal modo, no siempre el talento y la preparación de un recién graduado es directamente proporcional al prestigio de la universidad donde se gradúa, sino que depende en gran medida de cuánto aproveche los años de carrera en cualquier centro universitario, y de cómo sea acogido después en el lugar donde lo ubiquen.

 

«Lo que en realidad resulta molesto en ese sentido es que no se expliquen bien las cosas, porque el hecho de que exista una planeación, que los graduados de esa universidad tan acreditada tengan al egreso garantía de puestos de trabajo, es muy positivo y evita que necesitándolo, las entidades estatales pierdan un personal joven y calificado con deseos de aprender, porque no fue feliz su primer acercamiento laboral en el sector. La legislación sobre el Servicio Social seguramente no hace exclusiones», reflexiona.

 

Sin embargo, Adrián se dirigió adonde fue ubicado: unas naves enormes allá en la Delegación. Pasaban los días y no veía una computadora ni nada que se pareciera a la informatización, mientras escuchaba entre aquellas cuatro paredes las historias de otros que solo aprendieron a perder el tiempo.

 

Decidido a no «desperdiciarse», se dijo: «No me esforcé para esto, ni la Revolución me formó por gusto, sino para serle útil al desarrollo del país y al mío propio». Como Informático al fin, al ver que no funcionaba el «sistema operativo» por el que fue programada su ubicación, se agenció uno propio.

 

«Logré cambiarme para otra empresa, la Eléctrica de Guantánamo, que fue una verdadera escuela laboral y profesional. La entrega al trabajo y los deseos de aprender nadie me los enseñó, fue la fuerza del ejemplo colectivo y haber tenido un tutor a mi lado, una persona muy preocupada y talentosa, a quien le debo mucho. Me dieron posibilidades para participar en un curso de preparación en La Habana», relata.

 

Pero, opina, lamentablemente no todos los recién graduados, cuando chocan la primera vez con dificultades —a las que se agrega otra grande: cuánto ganarás— se quedan o tienen la suerte o la voluntad para mantenerse en el perfil; entonces buscan, y encuentran enseguida, trabajo en negocios privados.

 

«Algunos consiguen desarrollar la profesión en determinadas aristas del cuentapropismo, pero muchos son absorbidos solo por la necesidad y la posibilidad de ganar más dinero y valoran más ese componente que lograr un desempeño laboral que les satisfaga profesionalmente, que aporte a las necesidades concretas de una entidad, del desarrollo local o del país, aunque no sea muy ventajoso económicamente».

 

Cuatro años después de salir del mundo universitario, el joven Adrián ha transitado por tres entidades diferentes en busca no solo de mejor remuneración, y finalmente trabaja como administrador de red en la dirección provincial del Banco Popular de Ahorro. No gana mucho dinero, admite, «pero cada día aprendo algo y me siento útil», dice satisfecho.

 

UNOS NO, OTROS TAMPOCO

 

Durante un sondeo realizado recientemente por estos reporteros entre jóvenes de tres provincias se repiten historias como esta y otras que, aunque no exactamente iguales, son bastante semejantes.

 

Y es curioso además, que las vivencias de ahora sean casi idénticas a las reveladas en estas mismas páginas en 2014, e incluso un año después en este diario y otros medios de prensa, justo cuando se anunciaron importantes cambios en las legislaciones y mecanismos vigentes con el propósito de que realmente se ponga en función de la sociedad el conocimiento de los jóvenes graduados universitarios, de conformidad con la planificación y prioridades del desarrollo económico y social.

 

Si la demanda de fuerza de trabajo calificada que necesita el país (en 2014 se actualizó la del período comprendido entre 2015 y 2023), parte de un análisis desde la base con cada organismo y sus entidades, y llega hasta la aprobación por el Consejo de Ministros del plan de distribución de los egresados universitarios, y para elaborarlo cada año dichos organismos certifican una demanda «con nueve años vista» y actualizan dicho interés, por qué otro muchacho guantanamero, Yoan Rodríguez Valle, quien mantiene encima aún el «polvo» de la Universidad, fue lanzado fuera del agua donde creyó que caería.

 

Graduado de Periodismo, fue ubicado en la Oficina de Administración Tributaria de Guantánamo en 2014. Comenzó atendiendo a la población y terminó yéndose de allí para buscar su perfil, pues ni redactar las notas de prensa que suele emitir esa entidad era contenido suyo. «¿Y entonces por qué demandaron un periodista?», se preguntó más de una vez Yoan, a quien le negaron la baja por desconocimiento de algunos funcionarios de lo que está establecido en el caso de los muchachos que obtienen título universitario gracias a los beneficios de la Orden 18.

 

Tres años de la preparación complementaria, los últimos dos en el Dirección Provincial de Cultura de Guantánamo, en una labor que se ajusta a su profesión, y el graduado aún no logra una plaza y, consecuentemente, tampoco mayor salario.

 

«Mejor o menos afortunada, la universidad me garantizó la ubicación laboral en un puesto que pudo haberse correspondido con mi perfil de estudio. Creo que a veces en las empresas no conocen cuál es el contenido del profesional que demandan», refirió.

 

Por qué si en octubre de cada año se realiza dicho procedimiento, por centros, carreras, provincias y municipios de residencia, se escuchan aún historias desencontradas con dichos planes, como esta de un cienfuegueros quien prefirió no se publicara su nombre:

 

«Pese a existir plazas en entidades de la ciudad como la Empresa Mayorista de Alimentos, el puesto de mando de la Agricultura, Granos y Semillas, entre otras, al terminar los estudios me ubicaron en la empresa agropecuaria El Tablón —en el municipio de Cumanayagua. Para coger el transporte tenía que salir muy temprano y regresaba casi a las siete de la noche.

 

«Comencé a trabajar por cuenta propia desde el segundo año de la carrera y ahora laboro como comprador-vendedor de discos compactos, pero soy graduado de Ciencias Agropecuarias en la Facultad de Agronomía de la Universidad de Cienfuegos.

 

«Otros graduados de mi año pasaron al sector no estatal, porque les dieron ubicaciones lejanas. Yo lo hice, principalmente, por cuestiones personales y económicas. Necesitaba mayor poder adquisitivo y permanecer más tiempo en la casa. Por eso decidí quedarme aquí, hasta ver si aparece algo mejor. Ya veremos…»

 

Aunque autoridades del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS) en provincias y del nivel central consideran que el incumplimiento del servicio social no alcanza la «categoría» de problema en el país, porque la mayoría de los egresados universitarios lo cumple, y el número de profesionales insertados en la iniciativa privada no es significativo, el punto es que para muchos lo es, no pocos lo consideran solo una obligación, y otro tanto decide echar por tierra todo el tiempo y esfuerzo propio y del Estado en su formación para aportar a ramas y sectores que demandan fuerza calificada.

 

En la propia Perla del Sur, más de 700 universitarios se encuentran en paladares, cafeterías, en la transportación privada de pasajeros… como mismo sucede en Guantánamo y en otras partes del país.

 

Según testimoniaron varios jóvenes, existen preocupaciones en la aplicación de las normativas para la ubicación del recién graduado, sobre todo en lo asociado a que, cuando resulte «imprescindible», los recién graduados pueden ubicarse en cargos distintos a los de su especialidad, aunque no se correspondan con su profesión.

 

Pero, ¿quién puede garantizar que en eso siempre haya transparencia?, ¿acaso no puede ser esa una brecha para justificar lo que se planeó mal o superficialmente?, preguntaron.

 

Sobre estas y otras realidades, la actualización de procedimientos, y especialmente acerca de las interrogantes que durante el sondeo JR encontró entre muchachas y muchachos, dialogamos con Ingrid Travieso Rosabal, jefa del Departamento de Fuerza de Trabajo Calificada del MTSS.

 

—¿Qué es el servicio social y quienes deben cumplirlo?

 

— Tal como se establece en el Capítulo VI de la Ley No. 116, Código de Trabajo, el servicio social consiste en el cumplimiento del deber de los graduados de cursos diurnos, que alcanzan los conocimientos en el nivel superior y técnico-profesional de la educación, de ponerlos en función de la sociedad de conformidad con la planificación y prioridades del desarrollo económico y social.

«En tal sentido, la inserción y permanencia de los jovenes graduados de estos niveles de enseñanzas en las entidades estatales, así como su protección, se ha mantenido hoy incluso con la actualización de la legislación en 2014.

 

«Deben cumplirlo los ciudadanos cubanos que se gradúan en la educación superior en los cursos diurnos, incluidos los que egresan del referido nivel educacional en el extranjero. En el caso de los graduados de la enseñanza técnico-profesional, lo cumplen los que, en correspondencia con la demanda de fuerza de trabajo calificada que requiere el desarrollo económico y social, son asignados a una entidad en el momento de su graduación.

 

«En correspondencia con las prioridades aprobadas, en los últimos cinco años se ubicaron 35 314 jóvenes egresados de la educación superior. Entre 2015 y 2016 la cifra se ha incrementado debido a la incorporación de las universidades de Ciencias Pedagógicas y de Cultura Física al Ministerio de Educación Superior (MES)».

 

—¿Cuáles son, en su opinión, las principales insatisfacciones con el servicio social?

 

—La insuficiente participación de las entidades y de los organismos en el proceso de ubicación de los graduados, aunque en los últimos años ha mejorado, a partir de acciones realizadas de conjunto con el MES.

 

«Igualmente, existen vacíos en la atención a los egresados asignados a las entidades laborales en su cumplimiento; inconformidad de los graduados con la ubicación laboral, incluso aunque se corresponda con su perfil, pues no siempre tienen conciencia de la necesidad de la actividad para el país. También, aunque es reducido el número, existen carreras donde la ubicación que le asigna el organismo no se corresponde con el perfil del graduado».

 

—¿Qué implicaciones tiene para un recién graduado no presentarse al cumplimiento del servicio social?

 

—Se le inhabilita del ejercicio profesional, cuando es por causa injustificada. Durante el período 2011-2017 han sido objeto de esa medida más de mil graduados.(Varios autores/Tomado de Juventud Rebelde)

 

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