Viernes, 24 de noviembre de 2017

fidelito.jpg

Mi propio Che

Versión para impresiónVersión en PDF
Mi propio Che

 

A los 16 años decidí grabar en mi piel el rostro del Che Guevara. Para mi madre fue un acto de desobediencia, para mis amigos un snobismo. Lo cierto es que esta decisión se convirtió en la más temeraria y resuelta de mi vida.

 

 

De niño crecí observando un cuadro de estilo algo primitivo del Guerrillero Heroico que colgaba en la sala de mi casa. Era una reproducción de la famosa foto de Korda.

 

 

No siempre entendí quién era ese hombre de mirada adusta y boina calada, pero en mi escuela cada mañana cientos de niños a coro queríamos ser como él, y cuando llegaba octubre memorizábamos poemas y canciones de sus hazañas.

 

 

Así fui conociendo más al Che. A diferencia de otros héroes que con el tiempo se hacen irreales y de mármol, el Che se me hacía más humano, pues a pesar de su recio carácter aceptaba las jaranas de su amigo Camilo.

 

 

De esa forma seguí esculpiendo mi propio Che. Cada nueva anécdota me descubría una nueva arista de su personalidad. Al leer su relato El Cachorro asesinado, me sensibilicé mucho con la suerte de ese can imprudente que terminó ahorcado. Fue un golpe demoledor a la imagen que tenía del héroe cubano-argentino. Con el tiempo entendí que en ocasiones el hombre debe tomar medidas extremas, incluso matar a otros hombres.

 

 

Tuve la extraña suerte de presenciar el traslado de los restos del Che y sus compañeros a Santa Clara. Se me hizo más humano aún, ya no solo nos acompañarían sus retratos.

 

 

Nunca he olvidado ese instante. El Che, los restos del Che, pasaron por mi lado. No entendía como un hombre de estatura colosal pudiera caber en un ataúd tan pequeño.

 

 

Sentí también que esos restos eran los restos inmortales del joven que recorrió el sur del continente en moto junto a su amigo, quien a partir de una conversación con Fidel ligó su vida a Cuba para siempre, quien subió y bajó de la Sierra victorioso, el estadista, el economista, el internacionalista del Congo y Bolivia, el teórico del marxismo; para un hombre así resultaba pequeño semejante ataúd.

 

 

Nunca he podido, a pesar de las razones expuestas por Mirta Aguirre, asociar a Ernesto Guevara con el Quijote, El Che no se enfrentó a Molinos, el imperialismo es real, como reales eran los agentes de la CIA que le dieron captura. El Quijote era un hombre enfermo de la mente, y pocos hombres he conocido con tanta cordura como el Che.

 

 

Cuando se trata del Ernesto Guevara no hay hoja en blanco ni punto y aparte. Es el héroe de la crónica eterna, del final abierto como su intensa vida. El más nacedor de todos como dijo el poeta.

 

 

Cada cierto tiempo reaparece: sus restos memorables, su última foto con vida; algún día aparecerán sus manos de matar y construir, esas que salvajemente separaron de su cuerpo sus enemigos. Incluso después de muerto inspiraba respeto.

 

 

Hace casi una década llevo a mi propio Che conmigo, como tantos otros necesito un paradigma para mejorar cada día lo que soy. Entendí con los años que un tatuaje, un cuadro o una prenda con su foto no nos hacen como él, algo casi imposible. Pero intentándolo quizás seamos un poquito mejores.

 

 

Añadir nuevo comentario

Filtered HTML

  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Etiquetas HTML permitidas: <a> <em> <strong> <cite> <blockquote> <code> <ul> <ol> <li> <dl> <dt> <dd>
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de las páginas web y las de correo se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.

¿QUIERES VER UNA IMPRESIONANTE CIUDAD DE MATANZAS EN HD?

 

logo-elecciones-generales-2017-2018-750x470.jpg