Domingo, 27 de mayo de 2018

En Ciénaga de Zapata: Toda una vida en el reino de las mieles

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En Ciénaga de Zapata: Toda una vida en el reino de las mieles

 

La vida de Lázaro Pico ha estado tan vinculada a la apicultura que ya, desde su madurez, asegura no recordar un momento de su pasado que no estuviera marcado por la presencia de las abejas. Y es lógico, porque para él esta es una tradición que heredó de su padre desde la infancia y la asimiló con tal devoción que ahora, mucho tiempo después de su inicio en este arte, pretende encontrar el relevo en su propio hijo.

 

“Cuando yo empecé con mi papá no había tantas enfermedades como las de hoy. Imagínate que el viejo nunca cambió una reina y ahora tengo que sustituirla todos los años, pues hay insectos como la Berroa, que le absorben la sangre y le ocasiona dificultades a la hora de poner los huevos. en esto tienes que estar al tanto todo el tiempo porque si no manejas bien la situación, te vas del aire.

 

“Por otra parte, para estos males hay muchos medicamentos, pero sucede que los mercados internacionales a los que exportamos son muy exigentes en el pedido y nosotros no podemos aplicar todas las soluciones que queremos”, comenta Pico Morejón. a pesar de lo anterior, en el 2017 este apicultor logró extraer 140 kilogramos (kg) de miel a cada una de sus colmenas (y tiene 400), constituyendo uno de los tres campesinos que en todo el país alcanzaron tal hazaña.

 

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“Todo lo que tengo se lo debo a las abejas, lo confieso, y por eso el día que no estoy con ellas me siento mal o tengo algún problema. Precisamente, mis resultados se deben solo al trabajo diario con ellas y al afán permanente que tengo en salir adelante, pues como animal al fin, si no las cuidas, te estancas”.

 

En estas labores se mantiene ocupado gran parte de su tiempo en función de las floraciones, pues, si por ejemplo, es el tiempo del bejuco leñatero, traslada sus colmenas a Jagüey Grande; si florece el aguinaldo morado y blanco, entonces se va hasta Colón y Los Arabos; y si resulta que es la temporada del romerillo en Matanzas, pues para allá va.

 

“Hemos tenido ciclos donde cambiábamos seis o siete veces durante el año y en ocasiones las he puesto a 17 kilómetros de Puerto Escondido, casi llegando a Guanabo”, agrega este hombre y deja claro que para él nunca ha sido un problema este empeño que siempre ha disfrutado tanto.

 

En todo momento Lázaro habla con la seguridad de quien consagra su existencia en solo un empeño y, como quien comenta sobre algo bastante común, sostiene que de solo probar una cucharada de miel sabe la flor de la cual se derivó.

 

“No hay ningún truco –sentencia– es solo experiencia”. a lo largo de los años ha mantenido resultados estables respecto a la producción de mieles, aunque manifiesta enfrentar adversidades de disímiles orígenes.

 

“Yo pertenezco a la empresa de apicultura que radica en Jovellanos y una de las cosas que más nos golpean es la escasez de combustible, pues a veces necesito 400 litros y me dan solo la mitad. Por otra parte, he necesitado mantas para tapar las colmenas y a través de nuestra institución no puedo conseguirlas. sin embargo, se puede apreciar que otros organismos como el Citma utilizan rollos grandes de este mismo material en sus proyectos. entonces, ¿por una vía sí y por la otra no? ¿Cómo se puede entender eso si los dos necesitamos del mismo recurso para nuestro trabajo?”.

 

A pesar de los contratiempos, afirma que no le desalientan a seguir en el medio donde ha encontrado el modo de vivir desahogada y honradamente. “En el 94 sí nos la vimos negra aquí con la entrada de las plagas al país. Imagínate que La Habana se quedó sin colmenas, Matanzas se vio al punto del colapso. Yo tenía 400 colmenas y me quedé con 80; en aquel momento no sabíamos qué hacer pero, poco a poco, fuimos saliendo adelante y logramos levantar hasta el día de hoy.

 

“Por suerte para nosotros la realidad es otra, aunque este año no espero alcanzar los 140 kg del anterior. el problema es que la abeja depende mucho de la naturaleza y los ciclos no se pueden alterar. en febrero era necesario que hiciera frío y no hizo, tampoco llovió y la sequía por poco nos vuelve locos.

 

Incluso, hay momentos en que existen floraciones pero no tienen néctar porque el agua es insuficiente”, explica Pico Morejón. No obstante, se expresa con esperanzas sobre un por ciento de probabilidades que en estos temas permanecen ocultas y esencialmente advierten sobre la posibilidad de que pueda suceder lo imprevisto.

 

“Quizás el próximo mes me vuelvo loco sacando miel y castro hasta dos veces, pero eso nadie lo sabe”, señala este apicultor con la certeza de que vendrán tiempos mejores, con el anhelo de resolver las disyuntivas materiales que siempre lastran cualquier avance; pero sobre todo con la convicción de que mientras tenga fuerzas, se dedicará por entero a las abejas.

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