Viernes, 23 de febrero de 2018

Elianis, la muchacha de los frijoles

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Elianis, la muchacha de los frijoles

 

A Elianis no le molesta que sus compañeros de clase y profesores a menudo la llamen así: la muchacha de los frijoles. El sobrenombre no lo lleva precisamente porque sea experta en el arte de cocinar legumbres, lo lleva grabado desde que se interesó por el cultivo de los granos, especialmente del frijol.  

 

Con tan solo 21 años a Elianis Caridad Alfonso Negrín se le ve hablar muy dispuesta sobre alguna investigación en los laboratorios de la Facultad de Agronomía, de la Universidad de Matanzas, mientras que en los campos de Unión de Reyes siempre le aguarda una parcela de tierra donde cosecha la planta herbácea para mantenerse al tanto de las etapas de desarrollo del cultivo.  

 

Cualquiera diría que nació para ser ingeniera agrónoma al saber que es natural de Sabanilla y el trabajo en el campo es el sustento de su familia, sin embargo la agronomía nunca estuvo en los planes de la joven; mas se cruzaría en su camino por segunda ocasión de forma definitiva.

 

“Quería estudiar Derecho o Periodismo, si no podía matricular en una de las dos decía que no entraba a la Universidad. Mi última opción era Agronomía por la misma visión errada que tiene la mayoría de las personas cuando dicen que es solo campo, además yo misma decía que no ponía un pie en esas aulas porque eran para hombres. Finalmente decidí entrar para luego cambiar de carrera”.

 

Contrario a lo que esperaba, esos primeros meses en la carrera se convirtieron en un aliciente y marcaron un nuevo rumbo en su vida. Un proyecto dirigido a investigar el comportamiento del estrés hídrico en el cultivo del frijol despertó su inclinación por el conjunto de ciencias aplicadas que rigen la práctica de la agricultura.

 

“A partir de una propuesta del Programa Mundial de Alimentos, la Universidad decide crear un proyecto que trabaja directamente con los productores de las cooperativas, en el cual todos los estudiantes de Unión de Reyes debíamos prepararnos y ofrecer las capacitaciones a los pequeños agricultores”.

 

Entonces, recuerda una serie de vivencias: el primer acercamiento a los productores; luego un técnico de suelo del laboratorio les enseñó cómo recoger muestras en esas tierras; comenzaron a capacitar con ejemplos de diferentes variedades de frijol y realizaron experimentos en un pedacito de tierra con los riegos en el momento en que la planta lo necesita para la germinación, floración, el envainado y el cuajado del grano. 

 

“Empezamos a observar el comportamiento de la variedad de un tipo y de otro según las condiciones de la tierra y la disponibilidad de riego para definir cual se adapta mejor al suelo y qué provecho se le puede sacar. Así fuimos trabajando y ya hoy los productores conocen la variedad que siembran y cómo sacarle mejor provecho a la tierra”.

 

De ese vínculo con los campesinos nace una de sus mayores satisfacciones. “Hoy muchos me ven por la calle y me preguntan ¿Oye cuando te gradúas?, ¿Cuándo vas a venir para acá a trabajar con nosotros? Y yo les respondo que cuando les haga falta me dicen, me llevan las muestras, lo que quieran”.

 

Por eso ya se ha adaptado a que en la sala de su propio hogar una planta de frijol ocupe algún espacio en un momento determinado. “Hace un tiempo tuve una jaba llena de plantas de frijol grandes ya en mi casa; unos vecinos la llevaron con cuidado y me dijeron mira a ver si el profesor puede decirme que le puedo echar al frijol porque tiene tal problema y así ha sucedido en varias ocasiones”.

 

Estas experiencias la hacen sentirse dichosa al aplicar los conocimientos adquiridos en la academia y contribuir al desarrollo agrícola de su municipio. “Si vienes al aula a recibir las clases, hacer las tareas, estudiar para las pruebas, o realizar las investigaciones que orienten nada más no te llena, pero cuando ese trabajo diario lo aplicas en el huerto de tu casa, en las fincas de los productores y sabes que tus familiares y los pobladores cuentan contigo eso hace que te guste lo que estudias y te sientas útil”.

 

La docencia también tocó a su puerta en el momento oportuno para quedarse. El amor por la profesión le permite sacrificar algunas horas de sueño y dedicarle un tiempo a la autopreparación para impartir clases a alumnos de su facultad, primero fue alumna ayudante de Bioquímica y ahora se desempeña como profesora de Sanidad Vegetal.   

 

“Esta última asignatura es la que más me atrapa porque tiene como fin principal la preservación de la siembra, y aunque la parte de la fisiología resulta muy atractiva, también puedes aprender lo que le está pasando a la planta cultivada y conocer las herramientas necesarias en el manejo de plagas. Eso sí, hay que estudiar muchísimo porque imagina cuántos insectos, hongos y bacterias existen”.

 

Hoy Elianis está casi finalizando su camino de estudiante y permanece ligada a importantes eventos como el 11no. Congreso Internacional de Educación Superior Universidad 2018 y el Festival de la Clase. Aunque se gradúa el próximo año, piensa continuar en la Casa de Altos Estudios impartiendo clases y vinculada a nuevos proyectos científicos.  

 

La muchacha de los frijoles también regresará a los campos de Unión de Reyes, donde encontró su verdadera vocación, esta vez convertida en una mujer rural, ingeniera agrónoma, capaz de sacarle provecho al suelo, al agua, al clima y al hombre mediante la ciencia.

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