Sábado, 24 de junio de 2017

¿Podemos los cubanos irnos de vacaciones?

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¿Podemos los cubanos irnos de vacaciones? Foto: Pixabay

 

Separar pasajes, reservar habitación, preparar maletas. Reunir dinero. Nada de esto resulta fácil, pero si uno se lo propone es posible y se disfruta...se los aseguro. Años atrás me resultaba impensable. Todo esto parecía demasiado engorroso y una “carga” en mi vida cotidiana.

 

Más una promesa convertida en “palabra sagrada” me dio la posibilidad de visitar Trinidad. Una ciudad de asombros, así la describí en estas propias páginas, pues allí quedé atrapada por la leyenda de sus calles, la majestuosidad de sus inmuebles, el talento creador de sus habitantes.

 

Pero en esta ocasión no voy a hablarles de esa urbe colonial, sino de la posibilidad real de conocer nuestro país, cuyas bellezas naturales sobran de un extremo a otro del archipiélago.

 

Un forista que comentó el texto mencionado apuntó que primero se debía conocer a Cuba y después el extranjero. Lo que sí trataré de convencerlos de que los escollos para ir de vacaciones pueden ser vencidos. Yo lo hice y acompañada de mi madre, con 83 años, con disposición para caminar lo necesario.

 

Otro, identificado como Drogo,  me incitaba: “sí, pero tienes que decir un poco más, dónde te quedaste, cuánto te costó el viaje, las opciones para cubanos de a pie”. Y en esto, precisamente, voy a centrar el presente comentario.

 

Claro está que todo cuesta e implica sacrificios. Ante todo hay que guardar dinero y precisar bien la fecha para ir de vacaciones. Algunos acostumbrados a irse de excursión de vez en cuando me aseguran que en los meses de julio y agosto el tema del transporte incide de manera negativa para realizar planes de este tipo.

 

Así que ello constituye cierto freno para las familias con niños, adolescentes o jóvenes que solo disponen de estos meses para poder hacerlo. Eso lo comprendo. El tema de los pasajes es  lo más complicado. Si eso se resuelve, lo demás es más fácil.

 

Amigos y colegas a quienes les he comentado del “viaje” me han preguntado de inmediato: ¿dónde te quedaste?, ¿cuándo y cómo conseguiste el alquiler?, ¿y el tema de la comida?

 

La apertura del sector cuentapropista nos beneficia en cierto sentido. Hoy existen muchas ofertas y para todos los bolsillos. Los precios de los alquileres oscilan, los hay bien caros, y también existen los que están al alcance de los cubanos de a pie (5 y 10 cuc la noche), como decía Drogo.

 

En esa bella ciudad de la provincia de Sancti Spíritus no se duerme. A toda hora una ve gente con maletas a cuestas y un constante ir y venir de gente. Es decir, es un lugar muy visitado y codiciado.

 

La idiosincrasia de los cubanos nos permite socializar, compartir. Así contacté allí con una familia que ofrecía un alquiler favorable a mi economía. Apenas eran tres días. Y en cuanto al tema del desayuno, almuerzo y comida, todo resultó más fácil, porque pizas, espaguetis, y comida ligera estaban al alcance.

 

Uno imagina muchas cosas antes de llegar al destino. Pero una vez en el lugar los propios habitantes —compatriotas al fin y al cabo—  te van indicando lo más factible.

 

“En la esquina venden unas galletas riquísimas”, “en aquel restaurante del Estado pueden comer por 60 pesos cubanos una completa (arroz congrí, bistec de cerdo y ensalada) u “en el centro colonial tienen la posibilidad de encontrar una paladar con buenos precios”, fueron algunas de las sugerencias.

 

De La Habana a Trinidad el pasaje cuesta 66 CUP (pesos cubanos). Así que los de ida y vuelta de dos personas valen 264 CUP. Y aunque es verdad que ello puede ser la pensión de cualquier jubilado, o la mitad del salario de los periodistas, por poner un ejemplo, no significa una gran suma de dinero.

 

Atinado estuvo el comentario de Mayli. Ella dijo: “Quisiera poder ir y llevar a mi hija algún día a Trinidad de vacaciones, pero con mi salario de 625.00 moneda nacional, y los precios de la malanga, los culeros desechables y demás veo cada día más lejana esta posibilidad”.

 

Tales argumentos son ciertos, como también que en determinadas épocas de la vida son impensables los asuetos de este tipo, sobre todo cuando los niños son bien pequeños y hay otras necesidades por cubrir.

 

Hoy el aumento salarial y la unificación monetaria son un desafío para el país. No obstante, está claro que ello no será posible si no aumenta la producción y los bienes materiales, si no se crean riquezas. Y para todo ello se viene trabajando.

 

Vacaciones de verano, una canción del popular grupo español Fórmula V, de la llamada década prodigiosa, me hace pensar en el tema, nada fácil en una sociedad como la nuestra, cuando aún tenemos múltiples asuntos por resolver tanto en la macro como en la microeconomía. Pero de vez en vez, hay que cerrar los ojos, coger los ahorritos y darse un saltico por algún rinconcito de este bello país. Vale la pena, retomando la frase de Calviño. (Alina M. Lotti--CubaSí)

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