Martes, 22 de mayo de 2018

Rubén Darío Salazar: Soy un titiritero periodista...

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Rubén Darío Salazar: Soy un titiritero periodista...

 

Por Chavelys Téllez Castañer, estudiante de Periodismo

 

Desde que comencé a escuchar de él, siempre me imaginé un hombre serio, conservador y presumido, que se jactaba de sus premios y diplomas. El día que decidí entrevistarlo, incluso mi profesora me advirtió: “Prepárate bien, no te pongas nerviosa…”

 

Ya para ese entonces estaba asustada y pensaba que me enfrentaría a un monstruo o algo peor, he ahí la desgracia del principiante. Mas todo lo contrario pasó. Encontré un hombre risueño, sencillo y modesto, el cual me acogió en su casa, su teatro, su santuario.

 

Natural, con una gran sonrisa de bienvenida, como si estar entre títeres fuera la cumbre para llegar a la felicidad, me mostró la magia del arte titiritero y la historia que escondía aquel rincón lleno de títeres de la calle Milanés.

 

Para Rubén Darío Salazar Taquechel esa es la verdadera felicidad, la plenitud de su obra, lo más bello de sí. Orgulloso de él, más que él mismo, me presentó a Zenén Calero, ese que con lápiz y lija da a luz a los más divertidos muñecos.

 

Me impresionó la modestia de ambos, ya que reconocen el trabajo del otro y lo elogian, mas, con todo el arte que guardan dentro, jamás emplearon un adjetivo para hablar de sí mismos.

 

Para Rubén, mi más sincero respeto, pues más que un mago que hace crecer la fantasía en los corazones de niños, es un artista real, maravilloso y reconocido que sabe del significado de trabajar con pasión hasta llegar al resultado esperado. Él es un multitalentos sin límites.

 

- ¿Qué obra suya lo enorgullece más y por qué?

 

- En una trayectoria artística profesional que acumula tres décadas y algo más, uno concibe muchas obras, creaciones que son como nuestros propios hijos. Por lo tanto, me enorgullecen todas, pues fueron hechas en cada período con lo mejor de mi ser.

 

“Elegir esta o aquella sería establecer preferencias de una por encima de otra, cuando lo que de verdad me alegra, sin ufanarme o vanagloriarme por ello, es haber tenido la posibilidad, la fuerza y el privilegio de estar haciendo una carrera como el teatro, que se construye a golpe de colectividad, con la ayuda de mucha gente linda de alma y otras que no lo son tanto, pero que ayudan igual, porque nos fortalecen y nos enseñan a lidiar con oscuridades con las cuales debemos luchar en busca de la luz.

 

“Me encuentro en un periodo de la profesión medio en el limbo, donde se es muy joven para ser considerado un consagrado, y se es demasiado consagrado, por los resultados obtenidos, para ser considerado un joven. Una encrucijada enigmática que inevitablemente pasará.”

 

- Siendo conocedor de la obra del teatro de títeres en múltiples países de renombre, ¿qué cree usted que tiene el desempeño cubano en ese campo que lo hace tan especial y diferente?

 

- Por desgracia, cuestión que me sirve de acicate, no he tenido acceso al teatro de títeres de todos los países. No he estado en una región como África o Australia, por lo que a mi visión del arte titeril le siguen faltando experiencias que he suplido con libros e imágenes audiovisuales.

 

“El teatro de figuras nacional es joven, muy joven ¿Qué son setenta años y algo más, comparado con la historia milenaria del Asía o de la India? Cuba es especial más que por su arte jovencísimo, por las facilidades que, a partir de 1959, se le dio a la manifestación en la Isla.

 

“La fundación de los seis primeros guiñoles -Santiago de Cuba, (1961) Camagüey, Las Villas, Matanzas y Pinar del Río, (1962) Teatro Nacional de Guiñol, (1963), por los hermanos Camejo y Carril, abrieron un inmenso campo de posibilidades que no siempre se ha aprovechado al máximo.”

 

- ¿Al tratar con niños cómo no perder su atención, teniendo en cuenta los variados artículos de entretenimiento que hoy nos rodean?

 

- He ahí el mayor reto de los que nos dedicamos al arte de los retablos en el siglo XXI. Hacemos un teatro de profundas raíces tradicionales en una época de hallazgos tecnológicos impensados milenios atrás.

 

“Por lo tanto, el desarrollo y vitalidad de una manifestación tan antigua como el teatro de títeres, solo puede alcanzarse lanzándonos en pos del conocimiento, de toda la información posible del tiempo que vivimos, de su ritmo, de sus vibraciones más internas, de sus sueños e ilusiones, y todo eso, sin perder el lado humano y artesanal de nuestra profesión.

 

“Es un desafío dificilísimo, pero como soy tan optimista, creo que es posible lograr la armonía, con talento, inteligencia y honestidad.”

 

- Hablando de niños y jóvenes, ¿cómo fue la experiencia de trabajar con estos últimos en el ISA?

 

- No sabía que me gustaba tanto la docencia hasta que el dramaturgo, investigador y crítico Freddy Artiles, lamentablemente desaparecido muy temprano, me lo hizo notar. Le agradezco a su aguda mirada el colocarme en un aula frente a jóvenes amantes de los títeres.

 

“Siento que durante los casi nueve años que di clases en la Universidad de las Artes (ISA) aprendí mucho más de lo que enseñé. La pedagogía es una profesión de intercambio constante.”

 

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- ¿Cómo actor qué considera que tiene de especial el teatro de figuras que no tiene el teatro del actor en vivo?

 

- Lo tiene todo, y no vayas a creer que me puede más la pasión que la conciencia en este criterio. El teatro de títeres, de figuras o de muñecos, entre sus muchas acepciones, es un teatro total. Se actúa, se animan figuras u objetos, se canta y se baila. Hay que hacer de todo para dar vida a lo inanimado, unas veces con la humildad del titiritero que cede todo el espacio al muñeco, ocultándose tras el retablo, y otras compartiendo con él cara a cara sin que este pierda su magia infinita.

 

“Las acciones más increíbles, inadmisibles para el actor en vivo, el títere las puede lograr. Perder la cabeza en escena, un brazo, sacarnos el corazón de dentro del pecho para regalarlo a un ser amado, y así un sinfín de imágenes y hechos maravillosos e insólitos.

 

“Podemos ser un poco Dios y un poco Diablo, una medida que solo deciden nuestras intenciones creativas.”

 

- Abandonó la carrera de periodismo, ¿qué le impulsó a tomar una decisión tan difícil?

 

- No fue una decisión difícil, estaba cantada desde mi infancia, solo que se demoró porque cuando me gradué en los comienzos de los años ochenta, no hubo pruebas del ISA en Santiago de Cuba, o al menos yo no me enteré. En cuanto lo supe, las afronté, aprobé y me cambié de carrera. No me arrepiento y agradezco a la vez la experiencia obtenida. Hoy soy un titiritero periodista.

 

- ¿Cómo fue esa infancia santiaguera?

 

- Como la de cualquier niño cubano de los años sesenta y setenta. Estudios, fervor patriótico, alegría y sueños por alcanzar. Como trabajaba en la radio, la televisión y el teatro como artista aficionado infantil, no me di cuenta que la infancia pasaba muy rápido.

 

“Sigo siendo un niño anclado en esa etapa maravillosa e ingenua, llena de fe, con unos cuantos golpes que propina la adultez, necesarios para crecer y abrir los ojos de una vez y por todas, pero sin perder el asombro y la ilusión por lo imposible.”

 

- ¿Qué opina de la cultura cubana que se desarrolla en estos tiempos?

 

- Es como una bandera que ondea altiva en su asta, bamboleada por los malos vientos, pero firme, pues el asta está enclavada en la tierra con cimientos indestructibles. Aun así, no hay que confiarse, tenemos que arriar la bandera, elaborarla con materiales duraderos, cuidarla para que no se decolore con el intenso sol, ni las inconstantes situaciones atmosféricas. La bandera representa el orgullo noble de cada país, lo mismo significa la cultura.

Comentarios

falta aunar voluntades de todos los que defienden la cultura y en particular la de nuestra provincia que ha caido en un estancamiento.

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