El delegado…

Hay quienes nunca han visto al delegado de su circunscripción, o sí, las veces en que, según lo establecido, debe rendir cuentas a sus electores. Otros, en cambio, conocen dónde vive, cuáles son sus horarios y hasta su centro laboral, pues no dan un paso sin su necesario acompañamiento.

Existen delegados diligentes, preocupados, responsables, conocedores de las situaciones que aquejan a su comunidad y que hacen hasta lo indecible para solucionarlas o, al menos, dar explicaciones al respecto a sus vecinos.

También están los que se excusan o no son consecuentes con la función para la que han sido elegidos. Son aquellos que no interiorizan que el delegado no es una figura con privilegios ni administrativa, sino que está para meterse en “candela” y exigir que nunca se deje de dar una respuesta a cada ciudadano que solicite o pida algo, y procurar que esta sea honesta.

Justo es reconocer que muchas veces su gestión se limita por la escasa atención que le prestan algunos funcionarios administrativos, quienes en lugar de cumplir con su función de servidores públicos entorpecen la labor de estos representantes del pueblo.

De más está decir que ser delegado es una tarea de grandes, aunque no se reconozca la mayoría de las veces. Se trata de personas comunes que pasan de tener que dar solución a sus propios problemas laborales o personales a llevar sobre sí el peso de una comunidad con no pocas complicaciones, sin ningún tipo de dádiva y con muchas incomprensiones.

Con sus pros y sus contras, esta figura ha sido reconocida durante años como necesaria, al servir de puente directo entre la Asamblea Municipal y sus electores, como transmisor de sus opiniones, necesidades y dificultades.

Es, además, el encargado de informar a quienes lo eligieron acerca de la política que sigue el órgano de gobierno del municipio y las medidas adoptadas en atención a sus opiniones y planteamientos. Por ello, debe rendir cuentas periódicamente de su gestión.

De ahí la trascendencia que adquiere el proceso de nominación de candidatos a delegados, culminado recientemente, y las elecciones a desarrollarse el venidero domingo 27 de noviembre. Durante esta jornada el pueblo seleccionará, en primera vuelta, mediante el voto libre, igual, directo y secreto, a sus representantes ante el órgano local, base del Gobierno cubano en cada territorio.

Por eso la necesidad de hacer uso de nuestro derecho constitucional de acudir a votar y hacerlo con responsabilidad ciudadana. La misma que nos debe conducir a elegir al mejor, al más capaz y al que pueda aportar a la necesaria transformación del barrio.

A fin de cuentas, serán ellos quienes nos representen durante los próximos cinco años. Darán voz a lo que pensamos, creemos o pretendemos construir como sociedad y desde la comunidad. 

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Sobre el autor: Jessica Acevedo Alfonso

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