El Mundial de la Vergüenza

En el Mundial de Fútbol Catar 2022 se jugará en estadios construidos sobre el sudor y la sangre de miles de trabajadores migrantes.

El 20 de noviembre próximo iniciará el Mundial de Fútbol Catar 2022, con el partido entre el equipo anfitrión y la selección de Ecuador; una fecha poco tradicional para los mundiales debido a que en los habituales meses de julio y agosto el calor en el país árabe sería insoportable para los futbolistas.

El evento parte con el lastre de las acusaciones de maltrato laboral a los 1,7 millones de trabajadores migrantes que participaron en la construcción de los colosales estadios de fútbol, los cuales realizaban faenas peligrosas y mal pagadas, a menudo con un calor extremo.

Según informes de varios medios de prensa, la cifra de muertes relacionadas con los proyectos de infraestructura asciende a 6 500. Sin embargo, Hassan Al Thawadi, encargado de dirigir los preparativos del suceso, declaró que el número que manejan las autoridades cataríes es de solo 38 fallecidos, restándole importancia al asunto.

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Las agencias extranjeras de contratación buscan empleados en zonas vulnerables y cobran comisiones de hasta 4 300 dólares por cada uno de estos. También se han reportado retrasos en sus pagos y pésima calidad de vida en sus albergues; todo bajo amenazas de retiro de visados y la cancelación del contrato.

Futbolistas de la talla mundial de Erling Haaland, Martin Odegaard y Tony Kroos han denunciado públicamente las malas condiciones laborales de los migrantes en Catar, lo que ha ayudado a visibilizar el problema. Sin embargo, la Fifa se ha mostrado permisiva ante los abusos de los organizadores cataríes y ha sido tajante contra cualquier indicio de sabotear el evento deportivo, como en el caso del boicot por parte de varios clubes de la liga de fútbol de Noruega.

Selecciones nacionales como la propia Noruega y Alemania han jugado sus últimos partidos internacionales con mensajes de apoyo a los derechos humanos y laborales en sus camisetas, y solo han recibido el rechazo por parte de las máximas autoridades del fútbol a nivel mundial y hasta amenazas de exclusión a algunos futbolistas.

El 14 de junio de 2019 la Fifa se comprometió a investigar el caso y admitió que podría existir un incumplimiento de las condiciones laborales con la siguiente declaración: “Conocemos los informes de que la empresa Tawasol, subcontratista en la construcción del estadio Al Bayt, ha violado los estándares para los trabajadores”.

Pese a que los esfuerzos han logrado que más de una treintena de obreros migrantes pudieran recibir el dinero acordado en sus contratos, el abuso laboral sigue vigente y la cifra de muertes continúa bajo investigación.

Barun Ghimire, un abogado y activista por los derechos humanos con sede en Nepal, dijo a Arab News: “Han habido informes de que muchos trabajadores nepalíes han muerto en la construcción de estadios o en algo relacionado con estos en Catar. Intentamos entablar un caso contra los empleadores, pero son difíciles de investigar debido a los agentes involucrados en la contratación de trabajadores”.

Amnistía Internacional, de conjunto con otros grupos de derechos humanos, exigió una remuneración de 440 millones de dólares a los trabajadores víctimas de abuso laboral y a sus familias, en una carta abierta enviada al presidente de la Fifa, Gianni Infantino; donde además afirman que el organismo rector del fútbol mundial debe trabajar con Catar para establecer un programa integral que garantice que esta situación no se repita en el futuro.

Por si esto no fuera poco, en Catar estarán terminantemente prohibidas las muestras públicas de afecto entre homosexuales y cualquier tipo de manifestación de, en palabras de las autoridades cataríes: “desviación sexual”. Ante las reiteradas denuncias de los grupos LGBTQIA+, los organizadores han exigido que se respeten las tradiciones culturales del país, legitimando de esta manera la homofobia.

En este panorama dará inicio en noviembre la mayor fiesta del fútbol mundial. Se jugará en estadios construidos sobre el sudor y la sangre de miles de trabajadores migrantes, un claro ejemplo de que, cuando las ganancias y la rentabilidad se anteponen a todo, hasta lo deportivo puede quedar en un segundo plano.

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Sobre el autor: Boris Luis Alonso Pérez

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