Una lluvia que no reverdece los campos

Una lluvia que no reverdece los campos

“Ven para acá”, nos invita Diosdado Vera, quien avanza hasta una vieja bañera que sirve de bebedero para las vacas. En el recipiente queda aún un poco de agua donde se puede apreciar restos de una sustancia viscosa. Desde el domingo en el Valle del Yumurí, donde reside este guajiro de 89 años, los habitantes avistaron una sustancia inusual que cayó junto a la lluvia de ese día.

Cuenta Diosdado que él ya no le da de beber a sus animales de la bañera por miedo a que se intoxiquen y mueran, aunque hasta este minuto no se reporta algún caso de muerte producto de esta situación. No obstante, el veterano campesino prefiere prever cualquier desenlace fatal.

“No es normal que el agua que se acumula en los charcos a orillas de la carretera se oscurezca y que uno llegue a casa con el calzado manchado con esa sustancia”.

Señala para el borde del portal y muestra cómo el negruzco se ha asentado en este sitio. Hasta el rocoso frente a la entrada se oscureció.

Muy cerca del entronque de Mena, poblado del Valle, también existen historias que confirman la caída desde el cielo de estas sustancias tras la llovizna del domingo.

Una lluvia que no reverdece los campos
Foto por Julio César García

A cierta distancia de Diosdado vive su hija Olga Lidia, quien lavaba ese día y comprobó en la ropa la huella de ese fenómeno inusual.

“Ese día en cuanto me dispuse a tender comenzó a lloviznar y por instinto intenté quitarme las gotas que caían en mi brazo. Sin darme cuenta me restregué la piel y en cuestiones de segundos me llené de algo que para mí era petróleo. Salí corriendo para darme un baño”.

Varias toallas conservan restos del líquido que cayó con la llovizna. “Mi ropa está salpicada y no se le quitan las manchas”.

Fotos por Julio César García

Para su esposo Enrique Viera García la situación resulta preocupante. Sus cultivos presentan las huellas negruzcas y teme que afecte a sus plantas. Mientras intenta tomar un tallo de calabaza para mostrar los restos de ese material desconocido, sus manos se oscurecen.

Una lluvia que no reverdece los campos
Fotos por Julio César García

En la placa de su casa, donde tiene un palomar, también se pueden ver las manchas oscuras tras la acumulación de la lluvia.

Por supuesto que conocen la causa. Desde que ocurriera el accidente en la Zona Industrial de Matanzas, una nube negra ha permanecido encima de sus cabezas, como expresa Olga Lidia.

Desde cualquier punto de la ciudad se puede observar cómo el viento del nordeste dirige la gran columna de humo hacia el Valle del Yumurí.

Acerca de este tema, las declaraciones recientes de Elba Rosa Pérez Montoya, Ministra del CITMA de Cuba, confirman el peligro de contaminación ante el creciente aumento de las emisiones de gas.

“Hay aproximadamente 3 200 partículas en el aire en estos momentos. La nube tiene dióxido de azufre, óxido de nitrógeno, monóxido de carbono, entre otras sustancias, que están cayendo sobre Matanzas, Mayabeque y La Habana”.

“Fundamentalmente estas sustancias están a cuatro o cinco kilómetros de altura. ¿Cuándo está el problema? El problema está si llueve, porque descienden con la lluvia esas partículas. Ahora esas concentraciones están en la altura y no se han reportado afectaciones para la vida humana”.

Las autoridades del CITMA sugieren que llueva o no, se debe mantener el nasobuco y que las personas vulnerables no se expongan al aire libre si está visible la nube.

En estos momentos un grupo de especialistas analiza el impacto ambiental que puede generar este desastre, aunque los habitantes del Valle del Yumurí presenciaron por primera vez una lluvia que no reverdece los campos.

Una lluvia que no reverdece los campos
Fotos por Julio César García

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Sobre el autor: Arnaldo Mirabal Hernández

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