Al final del camino

Rosa, al final del camino

El reloj marca las ocho de la noche. Rosa sigue su rutina diaria y se sienta delante del televisor, siempre le ha gustado estar informada. Ver a los niños en las aulas le trae buenos recuerdos. Quisiera estar de vuelta allí, para formar a nuevas generaciones.

Ni una enfermedad ni una mala condición física es impedimento. Por ella solo ha pasado el implacable tiempo, que no perdona las ganas de vivir ni de enseñar. A la edad de 83 años cualquiera pensaría que es momento de descansar, pero su amor por los infantes la hace ansiar el retorno al lugar donde pasó la mayor parte de su vida. 

“Me encanta educar, ver que los pequeños entran sin saber y salen con conocimientos, es una satisfacción para todo el maestro que tenga vocación”.

El viejo sillón de madera rechina con cada movimiento y, ensimismada en sus pensamientos, Rosa Rodríguez Cabreja, natural de Camagüey, viaja al pasado. A su mente viene aquel camino de tierra de más de un kilómetro de largo. En el fondo ve la casita de yagua, con piso de tabla de palma, construida por los campesinos en agradecimiento hacia ella por traer la luz de la enseñanza como maestra voluntaria de la Brigada Frank País.  

La Campaña de Alfabetización le dejó más tragos dulces que amargos. Le mueve el corazón cómo aquel señor de 90 años estaba dispuesto a aprender a leer y escribir. Se alivia porque ahora todos están alfabetizados y los maestros de hoy no tienen que vivir con el miedo a morir.

Rosa, en sus años mozos junto a sus alumnos.
Rosa, en sus años mozos junto a sus alumnos.

Abre los ojos y vuelve a la realidad. Todo aquello le parece tan lejano, como si hubiera sido en una vida pasada; pero en su piel nota el paso del tiempo y sabe entonces que tiene una sola vida.

Deja su trono, como diría jocosamente su familia, y mira el comedor vacío, antes lleno con el bullicio de niños necesitados de su ayuda, hasta entrada la noche. Medita si hizo mal en ser tan estricta, pero el fruto de su trabajo le indica lo contrario. 

Al decir de uno de sus discípulos: “Imponía respeto para que la respetaran. Era la primera que llegaba a la escuela y la última que se iba. En el período en que estuvo dirigiéndola, funcionó muy bien.”

Para Rosa, un educador debe mantener la disciplina, la organización y un constante amor por los pequeños; si no cumple estos requisitos, lo que hace es maleducar. Debe tener ante todo vocación, enseñar hasta con su forma de caminar, de vestir; porque el niño imita mucho a su maestro.

Niega con la cabeza, inconscientemente, para tal vez tratar de borrar los malos recuerdos. Me mira apenada, y puedo ver a una implacable directora. “El maestro de ahora debería transmitir los valores y eso se ha perdido. El de antes era una autoridad; hoy no, hoy discute con los padres y eso no puede ser, porque, entonces, ¿qué está enseñando? Los valores se reafirman en la casa y es la escuela la encargada de formarlos”, me dice mientras vuelve a la sala.

Rememora con alegría su tiempo como directora de la escuela primaria René Fraga Moreno. Siempre estaba al tanto de las necesidades de los niños, sus preocupaciones. Su trabajo hizo al centro vanguardia varios años y por ello ganó numerosos estímulos. 

“Estudiantes, maestros y las madres combatientes asistimos al Campamento Internacional de pioneros 26 de Julio, de Varadero por espacio de 21 días. Adelantábamos las clases por la mañana y en las tardes y noches realizábamos actividades recreativas con los muchachos. Fue una etapa donde los estudiantes se sintieron muy motivados y vinculados con la escuela”.

Tal vez ella no sepa lo que significa para aquellos a quienes enseñó. Con el ajetreo de los nuevos tiempos las personas se olvidan de expresar lo que sienten, pero indudablemente el sentimiento está ahí. 

La recuerdan con cariño el carnicero de la bodega, la niña que la ayudaba con su maleta camino a la escuela, actual directora de la escuela primaria dirigida por Rosa durante más de 20 años, el médico que lucha contra la covid-19; tantos rostros y tan diversos que, aunque hoy no se puedan ver, están y han estado ahí siempre que los necesita.

Sin más nada que hacer, se dispone a acostarse, pero, como si se tratase de un llamado divino, se queda observando una foto. La coge entre sus manos y la mira sonriendo. Es el retrato de una familia feliz, y entonces sabe que tomó la decisión correcta.

(Por: Arleen Dianet Matamoros Morales, estudiante de Periodismo)

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4 Comments

  1. Rosa la maestra de honor , con amor desde su ❤️❤️❤️❤️❤️, con sus responsabilidades de casa y familia, ejemplo de disciplina , enseñanza, una mujer valerosa de cuba , Matanzas Pastorita , ella adora su profesión , enseñó tantas generaciones , todos sus alumnos las recuerdan y Aman . Felicidades a Rosa .

  2. Rosa, la directora!!!!! Cómo no recordarla. Buena en su quehacer. Tengo ya 50 años y no me olvido de ella por muy lejos que esté en el tiempo y la distancia. Mi directora en la primaria, gracias por todo el amor que diste. Gracias, mil gracias mi directora!!!!

  3. Muy bonito este homenaje a Rosa fueron tiempos de amor y respeto para los que con dedicación nos educaron
    UN MAESTRO ERA UN PADRE O UNA MADRE Y HABÍA QUE ANDAR AL HILO
    Yo amé a mis maestras hoy las recuerdo con cariño

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