Olga, virtuosa mujer campesina

Los melones constituyen los favoritos en el vergel, si bien hay otros frutos como guayabas, plátanos y hasta el exótico capulí.

Los melones constituyen los favoritos en el vergel, si bien hay otros frutos como guayabas, plátanos y hasta el exótico capulí en esta finca campesina. Foto del autor.

Una tarde de junio de 2021 Olga Delgado León conoció en la ciudad de Matanzas al Héroe de la República de Cuba y Coordinador Nacional de los CDR, Gerardo Hernández Nordelo. Las palabras de él devinieron futuro para ella hasta el presente en que, con derroche de voluntad y energías, transformó en huerto un antiguo vertedero.

“Su presencia nos colmó de satisfacción. Era un acto de cederistas efectuado en un amplio terreno cercano al Hospital Militar Mario Muñoz Monroy. No lo conocía en persona, pero mucho que apoyé su regreso a Cuba, y el de sus hermanos de causa, Ramón, René, Fernando y Tony». 

“En cuanto al accionar de la organización, se refirió a un tema muy actual: la producción de alimentos. Habló de utilizar solares yermos, patios e, incluso, desbrozar pequeños montes, transformar basureros». 

“Al escucharlo, de inmediato recordé que a unos metros del edificio, donde residía entonces, había un espacio amplio convertido en vertedero, habitado por roedores, cucarachas y otras especies dañinas para nuestra salud; además de la pestilencia del lugar. Apenas llegué a casa, hablé de mis pretensiones con Aloida, coordinadora de los CDR en la Zona 192, y posteriormente con Libertad, delegada de la Circunscripción 30. Ambas aceptaron y, de común acuerdo, me dijeron que si yo era capaz de hacerlo contaba con su apoyo».

Olga, virtuosa mujer campesina
El quimbombó, procedente de África, de fina piel y atractivo color verde, preferido en cualquier mesa cubana. Foto del autor.

“Al principio pensé que me había pasado en entusiasmo, porque al ver aquello con detenimiento me dije: ‘Olga, esto está feo. No está fácil, y sola’. Porque antes de mi inspiración no había visto ni escuchado a nadie hacer o hablar sobre lo que me proponía». 

“Pero no retrocedí, me acordé de mi estirpe de mujer campesina, de guajira, y comenté hacia adentro: ‘Esta no es herida para gallina guapa’; y empecé a romper marabú con una piocha y machete. Corté todo tipo de plantas con espinas que no solo herían con el pinchazo, sino que ardían cuando rozabas la piel, como el guao. Ah, primero voté mucha inmundicia, desechos y el ‘copón divino’”.

Contó que, recién comenzada la ardua tarea, personas que pasaban por la calle que circunda el lugar le decían que si estaba bien, que aquello no era para una mujer y mucho menos sin ayuda. Olga sonrió, al tiempo que llevaba su dedo índice a la sien y lo movía en redondo. El gesto estaba claro, pensaban algunos que no estaba en su sano juicio. 

“Esto no me aflojó las piernas ni cambió mi pensamiento. Al contrario, era como si me inyectaran energías, impulso, deseos de seguir adelante, lograr la aspiración de convertirlo en lo que es, un lugar de siembra y cosecha de alimentos, como me propuse luego de escuchar a Gerardo».  

“Tengo un nieto, Alberto, pero con padecimientos de salud, por lo que no debo pedirle apoyo de ese tipo. Él hace cuanto puede, pero la carga pesada es para mí».

“Por momentos hubo ayuda de una o dos personas, pero no sostenida. El trabajo era y es duro, agotador. Desde temprano hasta el anochecer.

“Ayudo a los vecinos con lo adquirido en el huerto. Ahora a un vecino le cedí un pequeño espacio, y tiene plantas sembradas; pero me mantengo como la inspiradora y guía de todo. No lo hago con fines lucrativos, sino como ejemplo, una vez más, de lo que podemos lograr las mujeres en beneficio de la alimentación familiar y de la comunidad”.

Al recorrer la pequeña finca resulta sorprendente el estado de salud de plantas y frutos. Melones, frutabombas, plátanos, quimbombó, acelga, pepino, tomates, ajíes, habichuela, yuca, boniato, malanga —blanca y amarilla—, guagüí y frijoles.

Bajo la sombra de un capulí, con sus minúsculos y dulces frutos —abundantes en el reparto Naranjal Norte—, se produjo la despedida, convencido de la estirpe que siempre engalana a mujeres como ella.

Su obra será invencible, como señalara el Maestro, porque está ungida con la miel y el cariño de tanta consagración.


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