Se acabó el pan de piquito

La expresión se acabó el pan de piquito, se atribuye a un suceso ocurrido en Puerto Rico.

¿Te has puesto a pensar de dónde vienen esta y otras expresiones que alguna vez escuchamos o empleamos? El léxico de los cubanos está lleno de frases hechas cuyo origen desconocemos, sin embargo, se transmiten de generación en generación. Pueden ser autóctonas o no; unas perduran, otras no tanto.  En particular, la que da título a este trabajo, se atribuye a un suceso ocurrido en Puerto Rico. 

El doctor puertorriqueño Francisco Rivera Lizardi, en su libro Los pregones de Caguas, cuenta la historia de un vendedor de esa ciudad que llevaba, entre muchos otros dulces de repostería, una especie de “panecillo alargado cubierto por numerosos piquitos”. Como tenía tanta demanda se acababa inmediatamente después de escucharse el anuncio: –¡Pan de piquito y de piquito el pan! Ante la insistente pregunta de los compradores por la agotada mercancía, y un poco molesto, cambió el final de su pregón: –¡Galletas, cucas, matahambres, budín…!, y ¡se acabó el pan de piquito

Los hechos narrados ocurrieron hace tiempo y ya no existe tal producto en el mercado; no obstante, la expresión se extendió por todo ese archipiélago para aludir a cualquier situación en la que “se termine el bienestar del que se ha venido disfrutando”. Con igual significado, aunque en raras ocasiones y más bien en la variante “se acabó lo que se daba”, la empleamos aquí. También en otras regiones como Argentina y El Salvador.

Éramos pocos y parió Catana. Todo parece indicar que esta locución, nacida en el oriente cubano, derivó de un dicho bastante antiguo que, según narran, llegó a La Habana desde España, país donde las Catalinas devenían en Catana por la familiaridad en el trato. En nuestra Isla, en un principio, este personaje era invocado para referir el logro de algo muy deseado, pero cuyo camino para conseguirlo estuvo acompañado de una dilatada zozobra o del famoso burocratismo. Entonces se decía: –¡Al fin, parió Catana! 

Luego se fue perdiendo para dar paso a  ¡Éramos pocos y parió Catana!, una forma jaranera de comunicar que llegaron más personas a un lugar pero justo en el momento menos indicado. Aún, algunos, sobre todo los adultos, la utilizan.

Cuando alguien se interesa por conocer algo que no queremos revelar solemos defendernos con aquello de que la curiosidad mató al gato’, o sea, instamos a no indagar tanto y respetar ciertos límites. Sin embargo, este modismo inglés, emergido en el siglo XVI, se relaciona con la medicina. Originalmente era care killed the cat, que traducido al español sería ‘el cuidado mató al gato’. Se usaba para advertir que, a menudo, el tener una excesiva precaución o cuidado por la salud terminaría siendo perjudicial para esta. Se pone de ejemplo a los felinos por ser animales bastante cautelosos con los actos y movimientos que realizan.

También del siglo XVI y que perdura hasta nuestros días es el dicho ‘cortar el bacalao’, dirigido a designar a la persona que ostenta el mando en una determinada situación. En las colonias del imperio español, este pescado desecado servía para alimentar a los esclavos y el capataz era quien repartía los trozos y decidía a quién correspondían los más grandes y los más pequeños.

Cuando recibes algo que quizás no esperabas, pero que te resuelve un problema, alguien podrá decir que te pusiste las botas, sentencia surgida en paralelo al nacimiento de este tipo de calzado que comenzó siendo exclusivo de las clases más altas. Quienes lo llevaban, tenían sus pies bien resguardados del frío y disfrutaban de mejores condiciones sociales que el resto, por lo que se asoció el hecho de ponerse las botas con disfrutar de recursos en abundancia.

Pese a su controvertida relación con la figura de una  mujer, a los matanceros se nos endilga una expresión muy popular: vivir como Carmelina. De acuerdo con varias fuentes, se trataba de Doña Carmelina Arechabala, miembro consentida de una estirpe que, cruzada entre sí por parentesco primero y matrimonio después, llegó a condensar una de las mayores fortunas de Cuba.

Según un artículo, publicado hace años por la revista Bohemia, los moradores de Cárdenas ven en la vida desahogada de esta mujer el origen del famoso refrán de la opulencia. Y aun cuando algunas fuentes y familiares niegan tal vínculo, lo cierto es que razones no faltan para hacer esa similitud. “El alambique que fundó su abuelo en 1878, dirigido por sus padres y su esposo después, llegó a convertirse en un emporio industrial. A la emblemática destilería de rones y aguardientes –símbolo de la compañía por su fama y antigüedad–, se le unieron la terminal marítima con líneas propias de travesía y cabotaje, astilleros y planta de petróleo, almacenes, refinería de azúcar, plantas de mieles y de siropes, y fábrica de confituras… En fin, negocios hasta para hacer dulces”.

Aun cuando vivir como Carmelina se convirtió, entonces, en una utopía para la mayoría, hoy en día se emplea para llamar la atención a las personas holgazanas, que quieren obtener beneficios sin trabajar. 

Frases como ‘a troche y moche’, ‘volar como Matías Pérez’, ‘a ese no lo salva ni el médico chino’, ‘hacerse el sueco’, ‘le zumba el mango’,  o personajes como el mítico Malanga –con su inseparable puesto de viandas–, están muy arraigados a nuestra sociedad. Y aunque no se utilizan de la misma manera en las diferentes regiones y hasta pueden ir cambiando a través del tiempo vale la pena conocer de dónde proceden. Ello nos acerca más a nuestra historia. 

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3 Comments

  1. muy interesante, en Radio Progreso los domingos bien temprano en la mañana no recuerdo el nombre del programa, dedican una sección al refrán y su origen, saludos

    1. Odelys, ese programa que menciona es RP 105, con buena audiencia entre las 6 y 8 de la mañana, cada domingo. Espero le sirva este dato.
      Saludos, Luzdeibys.

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