Ríos Intermitentes II: El Camino

Mujer con sombrero, de Osmany Betancourt (Lolo), muestra a un artista en plena madurez creativa.

Por estos días los matanceros pueden disfrutar de varias esculturas emplazadas en las principales avenidas de la ciudad. Se trata del proyecto artístico El camino, de la Galería Taller Lolo, una de las más ambiciosas propuestas de Ríos Intermitentes II.

“Respondiendo al llamado de la Dra. María Magdalena Campos, tratamos de sacar el arte a la calle, partiendo de la idea de que Matanzas es destino, no punto de paso”, explica Helga Montalbán, curadora y crítica, quien forma parte de este empeño con los jardines Suelo estrellado.

El camino abarca desde la Universidad de Matanzas hasta Versalles y el Paseo Martí. Igualmente tiene una extensión en el Valle de Yumurí, con la finca Albaoa, del creador Dariel Lozano, quien trabaja con los elementos naturales para construir sus obras.

Incluye esculturas producidas en la Galería Taller por Osmany Betancourt (Lolo) y Osmany Betancourt Caballero, hijo. También piezas de Alberto Domínguez, Jorge Yunior Gutiérrez Salomón, Amanda Rodríguez y Joel Peláez, artista fallecido en 2010, en la plenitud de su carrera. 

Del mismo modo, los jardines Suelo estrellado, una creación de Helga que propone la construcción imaginaria de otro sistema estelar proyectado sobre el suelo con plantas. 

“Partimos de la idea de usar las arterias fundamentales y convertirlas en un espacio artístico, puntualiza la especialista. Teníamos una producción importante de esculturas que, si bien no van a estar destinadas a la ciudad, queríamos que el público de aquí las disfrutara. 

“La situación vial y geográfica de Matanzas, su cercanía con La Habana, podría pensarse como algo beneficioso para los artistas, pero no lo es. Ese tránsito que bordea la ciudad hace que los viajeros no entren. Nos dimos a la tarea de evitar esa fatalidad, aprovechando los caminos viales, quitando esa brecha, esos límites.

“Este es un sueño de muchos años que halló su oportunidad de materializarse en la Bienal”.

FINCA ALBAOA

La finca agroforestal Albaoa se convirtió el pasado 16 de abril en una estación del proyecto El Camino. En este espacio de increíble belleza natural, ubicado en el Valle de Yumurí, se expusieron obras de arte al aire libre, se realizaron actividades para los niños, descargas con músicos, un performance con pintura corporal del artista plástico Alexis Plasencia y una pasarela de la diseñadora María del Carmen García.

Los invitados pudieron decorar sus propias vasijas de barro, para una demostración en vivo de la técnica del rakú; algo espectacular, pues se sacan las piezas del horno al rojo vivo y se colocan dentro de aserrín u hojas secas, lo cual provoca resultados completamente imprevisibles.

Los niños pintan las piezas para el rakú en la finca Albaoa. Ríos Intermitentes II: El Camino
Los niños pintan las piezas para el rakú en la finca Albaoa.

“En Albaoa llevamos poco más de dos años transitando por los caminos de la agricultura y el arte. Por una parte, marcha como proyecto de manejo sostenible de tierras de la actividad agroforestal, con un concepto de protección medioambiental, reforestación de la franja hidrorreguladora, siembra de árboles maderables, como cedro, caoba africana, roble y café arábigo”.

Paralelo a esto, funcionan allí talleres de cerámica, carpintería y herrería, que tienen un impacto en la comunidad como fuente de empleo. 

“La idea de insertar nuestra finca en la Bienal surge a partir de una invitación de la Galería Taller Lolo a Claudia Ortega y a mí —cuenta el artista Dariel Lozano—,  para que nuestro espacio natural fuera parte de El camino. 

“En el futuro, este se convertirá en un lugar donde se impartirán talleres de capacitación, de intercambio cultural, también para enseñar a los niños de la zona. Habrá un grupo de obras emplazadas. Queremos expandirlo a los lugares aledaños. 

“Los propios talleres de cerámica pueden ser útiles a la agricultura; por ejemplo, en el Valle de Yumurí hay déficit de abejas. Las meliponas son abejas locales y las casitas para este tipo de insectos pueden ser hechas de barro. Se cumple la idea de vincular cultura y naturaleza”.  

Albaoa es un nombre aborígen. Se trata de una joven que se enamoró del cacique Yumurí. Sus tribus estaban enemistadas. Cuentan que cuando su amado fue asesinado, sus lágrimas formaron el río que atraviesa el Valle.  

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Sobre el autor: Giselle Bello

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