Asalto al Goicuría: triste historia contada en versos

Cada año, en esta fecha, los pioneros evocan el suceso simbólicamente. Foto: Tomada de Granma digital

“Estaba abril en la calle / cuidando del mediodía; / era domingo y se oía / la muerte andar por el valle. / ¡Ay, verso, párate, estalle / tu agonía y tu bravura / y diga la lengua dura / este zumo de venganzas, / este polvo de Matanzas / oloroso a sepultura!”.

Ni siquiera la poesía logró quedarse callada ante tamaña injusticia. Y fue, a través de ella, que Carilda Oliver Labra describió de la mejor manera los acontecimientos del 29 de abril de 1956: “Recuerdo que fue a la una; / que almorzaba, que en mi sopa / hubo sangre, que la copa / se apagó como una luna…”.  

Poetisa Carilda Oliver Labra. Foto: Tomada del Portal de la Atenas de Cuba

Ese día, 55 jóvenes de diferentes filiaciones, convencidos de que la lucha armada era el único camino para acabar con la tiranía, intentaron tomar el otrora cuartel Domingo Goicuría, en la ciudad yumurina. “Navia y Vera saben / cómo la sangre saluda lejos. / Versalles conoce espejos / donde repetir el plomo”.

Con la esperanza del factor sorpresa, partieron en cinco camiones y una camioneta, desde un lugar conocido por finca Tres Ceibas, distante a unos cien kilómetros de La Habana. La quietud de la urbe posibilitó que la caravana pasara inadvertida, solo que para lograr su propósito no disponían de suficientes armas y algunas de las que tenían estaban defectuosas.

Luego sobrevino una falla intempestiva. Al enfilar hacia la fortaleza, sin esperar la orden, lanzaron tiros y, como era de esperar en el actuar de la tiranía, los ametrallaron a mansalva. “Recuerdo, verso, que alguna / vecina ajena a dolores / dijo: ‘¡cuántos voladores!’, / pero que fui hasta la puerta / para encontrarme despierta / la luz sobre los horrores”.

Página de la revista Life en español que denunciaba el infame crimen. Foto: Tomada de EcuRed

El crimen conmocionó a la opinión mundial. Fueron 15 los caídos en plena flor de la vida. “Di que todavía pasa / —ay, que pasa todavía— / la ametralladora fría / entre la carne y el cielo. / ¡Di que pongan un pañuelo / sobre otra madre vacía!”.

El tristemente célebre Pilar García, jefe del regimiento, se jactó ante la prensa de la ‘proeza’ de sus esbirros y ordenó que no hubiera ni heridos ni prisioneros. Así, pues, detrás de la metralla, comenzó la persecución a los que inicialmente escaparon.

“Di, verso, tu largo tedio/ de huesos recién molidos, / di cadáveres hundidos / y estudiantes sin remedio. / Di este crimen, este asedio / de calaveras llegando. / Di el vergajo, di el matando/ con la tortura, el retozo / de la soga, el calabozo. / ¡Di, verso libre, hasta cuándo!”.

Un hombre humilde, procedente de las filas del Partido Auténtico que lideraba aquella acción, fue el primero en caer. “Deja ya, verso, el cobarde/ elogio de mariposas. / Tienes que hacer muchas cosas; / por ejemplo: di que arde / para el laurel una tarde. / Di que la patria se enfría, / di este cuento: / el Goicuría desde ayer tiene otros nombres. / ¡Di que seremos más hombres / después de Reynold García!”.

Aun cuando aquellos jóvenes no lograron su objetivo, sí dejaron bien en alto la decisión de luchar, hasta morir si fuera preciso, para acabar con el dolor y las injusticias a que era sometido el pueblo.

En 1960, como homenaje de recordación a los mártires de aquella gesta, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz entregó al Ministerio de Educación las instalaciones del cuartel, para convertirlo en escuela. Cada año, en esta fecha, los pioneros evocan el suceso simbólicamente.

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