Flores, el tanquista

testimonio de tanquista que participó en la batalla de Playa Girón

“La gente decía que comerse la pólvora de dos proyectiles daba valor para presenciar el tiro de un tanque y yo, muchacho al fin, quise probar. Vacié dos municiones y me tragué todito a ver si me llenaba de coraje, pero la verdad fue que no sentí ninguno.

“Lo que sí me dio fuerzas fue el primer cañonazo que presencié ya dentro del tanque. Ahí le perdí el miedo, sobre todo porque no estaba solo. Recuerdo clarito los nombres de toda la tripulación. Éramos bisoños, guajiritos que tan solo habían llegado a cuarto grado y estaban conociendo de verdad el rigor de la formación militar.

“Nos estaban capacitando como tanquistas. Figúrese, quedamos deslumbrados ante los modelos soviéticos T-34 y SAU-100. Llevábamos pocos meses en la escuela de cadetes de Managua, cuando nos sorprende la noticia de la invasión mercenaria a Playa Girón. Estábamos preparados, pero no como para enfrentarnos a un enemigo.

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“Me separé de mis padres y mis tres hermanas siendo un adolescente e integré   la Asociación de Jóvenes Rebeldes. Recuerdo que me fui de mi pueblito natal en Cienfuegos y junto a un grupo de compañeros subimos varias veces el Pico Turquino.

“A mediados del año 1960 llego a Matanzas, porque pasamos a una unidad militar en Ceiba Mocha. En ese momento iba a cumplir 16 años. De ahí participamos en la lucha contra bandidos en la zona de Bolondrón, Jagüey Grande… Durante toda esa etapa mi familia supo muy poco de mí. No había posibilidades de comunicación, apenas una carta esporádica.

“Estando en Ceiba Mocha, realizan una selección de jóvenes para estudiar carreras militares. Había que decidirse por la aviación, la marina de guerra o las fuerzas blindadas y opté por estas últimas, porque desde la primera vez que vi los tanques me atrajeron.

“Así fue como a principios de 1961 llegué a Managua, donde tuve la suerte de intercambiar con combatientes del Ejército Rebelde, que manejaron carros de combate cuando estaban en la Sierra Maestra.

“Abril y los sucesos de Girón nos impactaron. Apenas teníamos nociones prácticas cuando el Comandante en Jefe dio la orden de que los T-34 debían partir hacia suelo matancero. Estábamos bajo el mando del entonces teniente Néstor López Cuba, después general de División, y en un primer momento no nos comunicaron nada del desembarco ni de lo que estaba ocurriendo.

“La orientación era marchar hacia el municipio de Jovellanos. En esa época era escaso el parque norteamericano que existía en el país para mudar equipos pesados. Solo aparecieron cinco zorras para trasladar los tanques, dentro de ellos, el mío. El resto no tenía más remedio que ir incorporándose después, moviéndose por su eje.

“Llegamos y nos estacionamos alrededor del parque Domingo Mujica. Eso fue el 17 de abril. Luego, Fidel le ordena al jefe de la compañía que en la mañana del 18 era preciso estar en Australia, y antes del amanecer ya habíamos llegado. No cogimos ni un pestañazo. Es increíble, en esos instantes el sueño no ataca, porque la responsabilidad habla más alto. A eso súmele que uno jamás había entrado en una acción combativa, estábamos desesperados por llegar.

“La misión estaba clara: era vital tomar Playa Larga para, posteriormente, darles el golpe definitivo a los invasores en Girón. Comenzamos a avanzar todos en fila, porque el terreno cenagoso imposibilitaba desplazarnos por otras vías. Hubo que hacer la guerra encima de la carretera.

“El encuentro con el enemigo se produjo en el punto donde se encontraba combatiendo la Escuela de Responsables de Milicias. Allí sentimos su sistema de fuego que afectó a dos de nuestros tanques. López Cuba venía a bordo de uno de ellos y, por suerte, pudo escapar e integrarse a la tripulación de los que veníamos detrás.

“Tirando con cañón y ametralladora tomamos Playa Larga y ocupamos la costa. Cada vez se iba cerrando más el cerco a los invasores. Pero te digo que fue duro. Se me estruja el pecho de pensar en los disparos, los muertos y heridos en el Batallón de las Milicias Nacionales Revolucionarias hostigados por los aviones B-26 y aquellas bombas de napalm que calcinaban los cuerpos. Había que tener los pantalones bien puestos para seguir de pie.

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Combatientes reunidos junto a Fidel luego de que este le disparara al barco Houston

 

Flores (primero a la izquierda) fue uno de los tanquistas que combatió a los invasores en Girón y presenció cuando Fidel impactó al Houston desde el SAU-100.

“Después del enfrentamiento en Playa Larga, Fidel indicó situar los tanques próximos a la costa para evitar un nuevo desembarco. A lo lejos veíamos el Houston. Entonces pidió subirse a un T-34 y le disparó a la embarcación, pero el modelo del cañón era de muy poco alcance y no acertó el tiro. Le indicaron que el SAU-100 era el que tenía condiciones para ello y ahí sí.

“‘¡Comandante le dio, le dio!’, gritaba la tropa, mirando la cortina de humo que se levantaba en medio del mar.

“Estábamos reunidos junto a él, absortos aún en aquella vista del barco impactado, cuando un fotógrafo captó la imagen donde aparezco y que hasta hoy siguen reproduciendo diversas publicaciones”.

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“Tras la victoria de Girón mi vida siguió al servicio de la Patria. Asumí muchas responsabilidades, entre ellas ser parte de las fuerzas que velaban por la seguridad en la base naval de Guantánamo. Estudié en la Unión Soviética; cumplí misión en Angola, El Congo y Etiopía y, por supuesto, me especialicé en mi carrera, al punto de que fui jefe de los talleres de reparación de tanques del Ejército Central. Pero nunca se me borraron de la mente aquellos días.

Flores, el teniente coronel de la Reserva, imparte clases a los estudiantes del preuniversitario Pedro Pablo Rivera Cue en Jovellanos.

 

El también teniente coronel de la Reserva imparte hoy la asignatura Preparación ciudadana para la defensa a los alumnos del Ipu Pedro Pablo Rivera Cue, en Jovellanos. Sus clases son un encuentro con la historia viva.

“Hoy soy presidente de la zona de defensa del Consejo Popular Luisa, en Jovellanos, y es una misión que disfruto. Sin embargo, desde hace 11 años el ejercicio del magisterio se ha convertido en una de mis grandes pasiones. Uno libra allí una batalla diferente, donde no basta con impartir de memoria una clase, sino también transmitirles a los estudiantes sentimientos.

“Ellos no estuvieron allí, no presenciaron la mano criminal del enemigo, pero son igual de asediados, a través de una guerra mediática. En el preuniversitario Pedro Pablo Rivera Cue, me siento querido y útil entre tanta juventud”.

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Flores, enséñales el tanque y pon sobre la mesa las medallas, acomódalas bien porque son muchas y es probable que no quepan”, sugiere una compañera de departamento.

 

Con cuidado el teniente coronel de la Reserva nos muestra la réplica que le obsequiaron en el XX aniversario de la victoria de Playa Girón. La mira con aire circunspecto, como si pudiera sentir la tensión del cañonazo. Sin embargo, esta vez está calmado, sabe que el valor es más volátil que la pólvora cuando está en juego la libertad.

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Sobre el autor: Periódico Girón

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