Espectáculo en casa

En las normalidades pandémicas del 2020, lo que es más o menos parecido a un cese al fuego o a un intervalo entre bombardeos en una guerra, además de abrir las salas, se fue a los barrios con la Tropa Albio Paz, que incluyó a Teatro El Mirón Cubano, Danza Espiral, Circo América y Novandanza, como protagonistas. Mientras, Teatro Icarón realizó su propuesta de Balcón a Balcón, y Teatro D’ Sur actuó en las comunidades unionenses. Solo menciono algunos ejemplos. 

En esas vivencias pude percibir la necesidad que tienen las comunidades de presenciar una actividad artística, salir por un momento del aislamiento y, cumpliendo las medidas restrictivas elementales, divertirse, que es vital. 

Recuerdo la primera incursión de Tropa en tu Barrio, en un pequeño parque entre edificios del Naranjal, con la fiesta de fuego, hermosa, poética, desafiante de Los Mirones, las coreografías de Lilita y las acrobacias del circo. Las personas se sentaron en los bordes de las aceras y en los pocos bancos para ver la función, muchos lo hicieron desde los balcones de sus casas. Era el primer evento cultural después de un largo encerramiento, que comenzó en marzo y tuvo pausa en julio del 2020 .

No olvido los ojos de la gente, sus reacciones, sus aplausos, el agradecimiento, lo que transpiraron sus cuerpos, la importancia de la comunión. 

Algo así describe Miriam Muñoz Benítez de sus experiencias, a veces adentrándose al portal de las casas, con sus poemas y fragmentos de personajes. 

Lo de llegar al corazón del barrio, sin que el público tenga que moverse, concentrarse en una plaza principal, fue uno de los detalles hermosos y a la vez distintos de estas visitas, que constituyeron un acto de participación válido y efectivo en medio de las circunstancias epidemiológicas, y también fuera de ellas. 

Lo novedoso es que no solo te adentras en la comunidad, sino en la casa, se crea un microambiente. Quienes nunca habían asistido a ningún espacio artístico, recibían el espectáculo desde su portal, el jardín o el balcón: ancianos, discapacitados… 

Algo atípico se siembra en ese instante: una esperanza; nace un espíritu de familiaridad. Con esa «onda», piensan los organizadores del Callejero la concepción del evento a celebrarse del 9 al 14 de noviembre. 

Se trata de llevar el arte, en esta época de dura contingencia, de contagios, de enfermedades y muerte. Asimismo, de inyectar, con todas las precauciones, dosis de alegría, belleza y luz. El experimento está hecho.

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Sobre el autor: Ulises Rodríguez Febles

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